FELIPA POLO, LA LIBRERA DE MADRID
Regentó en la calle Libreros una de las más populares librerías madrileñas
Nació Felipa Polo Asenjo en Loranca de Tajuña (Guadalajara) el 6 de junio de 1911, destinada a ser una de las libreras más populares de Madrid en las últimas décadas del siglo XX. Al término del decenio de su nacimiento perdió a sus padres y, con nueve años y hermanos a los que cuidar, las autoridades provinciales buscaron para ellos acogida en una de aquellas casas de “Misericordia”, o Inclusas, que tanto abundaban en la capital del reino. Se trataba de un convento del viejo Madrid en el que se acogía a huérfanos y en él entró Felipa con sus hermanos, y del que salió para labrarse la vida.
La librera de la calle de Jacometrezo
Felipa salió de la casa de Misericordia para servir de criadita y chica de los recados, con apenas doce años, de una dama que con el tiempo fue poseedora de una librería en la calle de Jacometrezo. Doña Pepita, o mejor Josefa Borrás Ballester; valenciana de origen, a más de gustarle el libro tenía otras aficiones y oficios en los que gastar el tiempo, a pesar de que lo que en realidad hacía era dedicarse a los demás como maestra de sordomudos. Con ella aprendió Felipa el oficio de comprar libros de segunda mano y venderlos como nuevos, tras darles el repaso necesario y restallarles las heridas.
La apertura de la Gran Vía y el derribo de algunos edificios, entre ellos parte de la calle de Jacometrezo en donde se encontraba el negocio de doña Pepita las trasladó a la otra acera, a la calle de los Libreros, y allí, años después, tras la muerte de la mujer que la acogió, Felipa Polo abrió su librería propia en el número 16. Justo encima de la librería tenía su domicilio con lo que el olor a papel y libro viejo ascendía por las escaleras interiores que comunicaban tienda y casa, uniéndose en una sola vida el libro y la esperanza de futuro.
Pudiera pensarse que muchos negocios en una misma calle dedicada a lo mismo era una ruina. Sin embargo no era así. De cualquier punto de España, sabiendo que allí se encontraría lo buscado, se acudía a la calle de los Libreros. Y cuando era conocido que uno de los titulares era de una provincia en cuestión, a ella acudían sus naturales con la confianza que da el paisanaje. Que en ocasiones suele tener sus consecuencias; Felipa llegó a conocerse a muchos de los estudiantes guadalajareños que acudían a la universidad madrileña o a la de Alcalá. Y conoció a quienes eran buenos y malos, por aquello de que buscaban nuevos o viejos manuales.
Los dichos de Felipa Polo
En ocasiones tener una vida dura marca el camino. Se lo marcó a Felipa. Por ello era de esa clase de personas que ante la necesidad soltaban aquello de: “… anda, anda, ya me pagarás cuando acabes la carrera…”. Al término de la carrera el estudiante en cuestión acudía con ese orgullo del recién licenciado a depositar sobre el mostrador los billetes de los libros. No pocos de aquellos que terminaron carreras, hijos de labradores en busca de fortuna en el Madrid de la posguerra y sin recursos propios para comprar los necesarios códigos pudieron tener libros gracias a ella, que se las apañaba para que sin ver heridos sus sentimientos se los llevasen a pago aplazado
Felipa disfrutaba con eso, que su clientela aprobase la carrera. Es quizá por eso que en más de cuatro ocasiones soltó a algún que otro repetidor y zoquete en el estudio lo dicho de no vuelvas, a menos que fuese en busca de los libros de un curso superior. En su librería, de éxito, empleó a sus hermanos, después pasó el relevo a los descendientes de aquellos.
Sus broncas se hicieron populares hasta el punto de reconocer algunos de sus clientes que sin aquellas no hubiesen logrado terminar la carrera. Era mujer; como buena mujer de un tiempo que marcó una época, de dichos, refranes y decires. Po ello llenó su librería con sentencias que nos parecerían bufas y entonces tenían su sentido:
-Si no tienes nada que hacer, no lo vengas a hacer aquí…
-Quien se hace miel, se lo comen las moscas…
Esos, y muchos otros que llenarían las páginas de un libro, como ella llenó las páginas de la historia del Madrid, mejor que de los libreros, de las libreras, por espacio de más de cincuenta años. Los que estuvo al frente de su vieja librería. La pudieron las nuevas tecnologías, como a todas, aunque resistió con ella hasta el fin del primer milenio, y arrancó el segundo, ya con sus achaques, hasta que el tiempo se la llevó por razón de edad.
Una mujer en el recuerdo
Felipa, quien a muchos ayudó, y muchos más se esforzaron en el estudio por no escuchar sus consabidas broncas, murió en Madrid, de donde era si no de nacimiento, al menos de voluntad y hábitos de trabajo, puesto que en Madrid pasó más tiempo que en la Alcarria, a pesar de que a sus pueblos dedicó parte de su vida. A su natal de Loranca de Tajuña y al de adopción, donde iría su cadáver luego que fuese muerta, Yélamos de Arriba (Guadalajara), de donde era originaria la familia. En Yélamos, sin que muchos de sus vecinos lo llegasen en su momento a conocer, costeó numerosas obras de caridad. Allí siempre tuvo un rincón en el que “invertir” de alguna manera el dinero que ganaba en su librería madrileña. En Yélamos también quiso que sus ahorros fuesen restallando las heridas que en la iglesia dejó la guerra, o ayudando con libros a escolares y universitarios. Dicen quienes la conocieron y trataron que Felipa fue una mujer: “vanguardista, emprendedora, lideresa generosa, trabajadora incansable y posgraduada en ese completo máster que llamamos vida. Conseguidora de los títulos más inaccesibles, cualquier libro estaba inventariado en su memoria prodigiosa…”
Y aún dicen de ella dicen más, que “como buena castellana, era de una gran austeridad, carente de ambiciones materiales, altruista, especialmente con aquellos clientes o estudiantes que conocía que se hallaban en dificultades económicas, prestándoles los libros que precisaban para que pudieran examinarse o en regalar bocadillos a aquellos que se encontraban en apuros. Por ello, su tienda era cita obligada para determinados colectivos, como estudiantes, proveedores y editoriales, con los que siempre mantuvo una excelente relación…”
Tanto fue su mérito en vida que, en vida, recibió la gratitud de números madrileños, y por supuesto de hijos naturales de su provincia de Guadalajara. Pasando a ser parte de la historia del viejo Madrid. Tanto que años después de su muerte todavía se la recuerda. Siendo homenajeada a su tiempo por los cronistas madrileños y por los guadalajareños en Madrid, donde falleció el 25 de abril de 2002. Desde el día siguiente sus restos reposan a la eternidad en el cementerio de su casi localidad natal de Yélamos de Arriba.
Más tarde, el Ayuntamiento de Madrid situó, sobre la fachada de la casa en la que trabajó y vivió la mayor parte de su vida, una de esas placas que hacen memoria de un tiempo vivido entre libros, papel viejo y letra de imprenta.
Como que la vida es como la vamos escribiendo día a día y al final, al pasar la última página del libro en el que se va plasmando, encontramos el resumen que, desde la primera, andamos buscando. Pudiera ser lo que Felipa Polo Asenjo buscó y dejó para el futuro de su recuerdo.
Tomás Gismera Velasco/ Guadalajara en la memoria/ Periódico Nueva Alcarria/ Guadalajara, 24 de abril de 2026
LORANCA DE TAJUÑA EN EL TIEMPO
LORANCA DE TAJUÑA en el Tiempo
El pasado de LORANCA DE TAJUÑA (Guadalajara), es denso. Desde los tiempos primitivos a la actualidad, la historia ha ido pasando y dejando un poso inmenso en sus calles, sus personajes o su patrimonio.
Forma parte de la Alcarria, a medio camino estuvo entre la actual provincia de Guadalajara y la de Cuenca, quedando incluida finalmente en el siglo XIX en la primera.
Por aquí pasó Álvar Fáñez de Minaya cuando, junto al Cid Rodrigo de Vivar marchó camino de Valencia, y antes de ello reconquistó la Alcarria. Por aquí pasaron los Mendoza y en Jesús del Monte hicieron un alto los maestros jesuitas de Alcalá.
Con concisión, las páginas siguientes repasan una importante parte de la historia, el costumbrismo y el patrimonio histórico de Loranca de Tajuña.
LORANCA DE TAJUÑA, EL LIBRO, PULSANDO AQUÍ
SUMARIO GENERAL:
-I-
Loranca de Tajuña
Pág. 9
La Situación, la Geografía, los Orígenes
El partido de Pastrana
Demografía
Loranca de Tajuña en los manuales
Los Diccionarios
Algunos topónimos del término
Callejero tradicional
-II-
Entre los tiempos remotos, y la reconquista
Pág. 29
Páginas para la Historia
Alvar Fáñez de Minaya
Loranca de Tajuña, aldea de Guadalajara. Señorío de los Mendoza
-III-
Loranca de Tajuña, Siglo XVI
Pág. 53
Las Relaciones Topográficas de Felipe II
-IV-
Loranca, entre los siglos XVII y XVIII
Pág. 67
El Catastro de Ensenada
Un personaje del siglo, Manuel Justo Martínez Galiano
El Colegio de Jesús del Monte
-V-
Guerra por una Independencia
El Siglo XIX
Pág. 101
El 2 de mayo
Las guerras carlistas
-VI-
Loranca de Tajuña, entre el ayer y el hoy
Pág. 121
El Pósito
La asistencia médica y farmacéutica
Loranca de Tajuña s en los tiempos del Cólera
Zofra y ladra o hacendera (prestación personal)
La llegada del Siglo XX
La fiesta, en Loranca de Tajuña
En torno a los Mayos en Loranca
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