Blog dedicado a la biografía breve de personajes destacados y curiosos de la provincia de Guadalajara, hasta el siglo XX, por Tomás Gismera Velasco.-correo: atienzadelosjuglares@gmail.com

martes, septiembre 29, 2015

RAMÓN DE GARCIASOL

Garciasol, Ramón de (1913-1994).

Poeta, ensayista y crítico literario español, nacido en Humanes de Mohernando (Guadalajara) el 29 de septiembre de 1913, y fallecido en Madrid el 14 de mayo de 1994. Aunque su verdadero nombre era el de Miguel Alonso Calvo, adoptó el pseudónimo literario de Ramón de Garciasol para firmar una extensa, lúcida y brillante producción poética que, heredera de las preocupaciones humanas y sociales de algunos grandes poetas de la Generación del 98 (como Miguel de Unamuno y Antonio Machado), ahonda con depurado realismo en la ética del hombre contemporáneo y en el problema de España durante la mayor parte del siglo XX. Dentro de esta recurrente preocupación por la situación de su país, su obra acusa también una notable influencia de la poesía de Francisco de Quevedo.



Nacido en el seno de una humilde familia de artesanos dedicados a la elaboración de alpargatas, pronto se vio forzado a tomar la aguja y el dedal para contribuir con su esfuerzo al sustento del hogar familiar, circunstancia que, lejos de apartarle de su innata vocación literaria, fue interpretada años más tarde por el propio poeta como uno de los primeros hitos de su trayectoria creativa: "Recuerdo que en mis inicios y aprendizaje de zapatillero, cuando daba una mala puntada, decía mi padre convincentemente: 'No seas chapucero Miguel, mejor que hacer las cosas es rematarlas bien'. Fueron mis primeras lecciones de estilo. Durante mis estudios jurídicos aprendí que no es lo mismo una palabra que otra, que la sintaxis da fe de la intención: unos términos conceden libertad, otros cárcel".

Pudo cursar, en efecto, estudios superiores de Leyes merced a la temprana obtención de una beca que vino a reconocer, tras su paso por la escuela primaria, su brillante capacidad intelectual, y le permitió trasladarse a la capital alcarreña para ingresar en el Instituto de Enseñanza Media, donde siguió mostrando una especial inclinación hacia el estudio de las disciplinas humanísticas. Siempre con el apoyo de estas ayudas externas (pues la economía familiar no alcanzaba a cubrir grandes gastos), logró matricularse en la Universidad Central de Madrid y obtener allí una licenciatura en Derecho que, en un principio, habría de servirle de gran utilidad a la hora de ganarse la vida, aunque el estallido de la Guerra Civil truncó drásticamente las trayectorias profesionales de toda su generación, cuando no trajo consecuencias mucho peores (el propio Garciasol dio con sus huesos en la cárcel durante los últimos meses de la contienda).

Coincidiendo, precisamente, con el inicio de la lucha armada había salido a la calle su primer volumen de versos, Poemas del tiempo nuevo (1936), publicado bajo su auténtico nombre de Miguel Alonso Calvo, al igual que su segunda entrega poética, titulada Alba de sangre (1937). La aparición de estos dos poemarios propició que el joven poeta alcarreño se integrase plenamente en los foros literarios de aquel enrarecido Madrid de finales de los años treinta; y así, a comienzos de la década siguiente Miguel Alonso Calvo figuraba ya entre los miembros de "Juventud Creadora", un grupo de poetas noveles -la mayor parte de ellos, falangistas- capitaneados por José García Nieto, entre los que se hallaban otros jóvenes autores como José María Valverde, Rafael Laffón, Pedro de Lorenzo, Jesús Juan Garcés y Jesús Revuelta. La fundación de la revista Garcilaso, una de las principales publicaciones culturales de la post-guerra, consolidó definitivamente a este grupo en el panorama literario de aquellos difíciles años, lo que no fue óbice para que las respectivas trayectorias poéticas de cada uno de sus integrantes evolucionasen posteriormente por senderos muy variados. En el caso concreto de Ramón de Garciasol, y a pesar de estos contactos iniciales con "Juventud Creadora", cabe hablar de su pertenencia -como atinadamente ha señalado el crítico astorgano Ricardo Gullón- a la segunda oleada de la Generación del 36, es decir, a la nómina de autores que se incorporaron a ésta después de la guerra (como los poetas José Luis Cano y Dionisio Ridruejo, y los pensadores y ensayistas José Luis López Aranguren, Pedro Laín Entralgo, Julián Marías y José Manuel Blecua).

Lo cierto es que su parentesco literario con sus compañeros de "Juventud Creadora" fue meramente episódico, ya que la poesía serena y reflexiva de Garciasol, heredera -como ya se ha indicado más arriba- de una buena parte del legado de Unamuno y Machado, hace su verdadera irrupción a comienzos de los años cincuenta, cuando el poeta alcarreño abandona también su nombre de pila y sus apellidos auténticos para presentarse como "Ramón de Garciasol", pseudónimo elegido intencionadamente para indicar los nuevos derroteros por los que se conducirá a partir de entonces su creación poética (según declaraciones del propio autor, "Ramón" es para él aumentativo de "rama fuerte"; "García", un apellido netamente español; y "sol", el símbolo de la esperanza). Entre estas coordenadas -presencia recurrente del tema de España, fortaleza en la contemplación de la realidad circundante y visión esperanzada de la ética humana- hay que situar el auténtico origen (si exceptuamos aquellas dos anecdóticas entregas iniciales) de la poesía de Ramón de Garciasol, quien dejó arrinconada, junto a su nombre original, su antigua profesión de abogado para consagrarse de lleno a la creación literaria.

Surgen así, firmados ya por Ramón de Garciasol, algunos de los poemarios más significativos de comienzos de los años cincuenta, como Defensa del hombre (1950), Canciones (1952) y Palabras mayores (1952), a los que pronto vinieron a sumarse otras colecciones de versos que, como Tierras de España (Madrid: Rialp, 1955), Del amor de cada día (1956) y La madre (Madrid: Espasa Calpe, 1958), le convirtieron en uno de los poetas más fecundos de la década. Idéntica capacidad creativa mostró en el decenio siguiente, en el que dio a la imprenta otros poemarios de gran hondura y calidad, como Sangre de par en par (1960), Poemas de andar España (1962), Fuente serena (1964), Herido ver (1965), Antología provisional (Madrid: Aguilar, 1967) y Apelación al tiempo (Madrid: Espasa Calpe, 1968).

En la década de los años setenta, la ya copiosa producción lírica de Ramón de Garciasol se incrementó con otros poemarios tan relevantes como Del amor y del camino (Madrid: Agencia Española de Cooperación Internacional, 1970), Los que viven por sus manos (1970), A mi son (1972), Atila (1973), Poemas testamentarios (Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1973), Decido vivir (1976), Libro de Tobía (Madrid: Oriens, 1976), Mariuca (Madrid: Ediciones de Arte y Bibliofilia [Grupo Editorial Casariego], 1977) y Memoria amarga de la paz de España (Madrid: Albia, 1978). Su inspirada musa poética se mantuvo igual de activa en los años ochenta, cuando, después de dar a la imprenta tres nuevas colecciones de versos tituladas Segunda selección de mis poemas (Madrid: Espasa Calpe, 1980), Escuela de la pobreza (Madrid: Consejo Superior de Investigaciones Científicas, 1981) y Recado de El Escorial (Madrid: Diputación de Madrid, 1982), publicó, ya septuagenario, otros volúmenes líricos como Poemas alcarreños (1984), Testimonio de la palabra (Madrid: Ediciones de Arte y Bibliofilia [Grupo Editorial Casariego], 1984) y Notaría del tiempo (Barcelona: Anthropos, 1985). Su vasta producción poética no se limita, empero, a lo recogido en todos estos títulos, ya que Ramón de Garciasol es autor asimismo de numerosos poemas sueltos que han visto la luz entre las páginas de diferentes publicaciones periódicas, o en medio de diversas antologías de la lírica española de la segunda mitad del siglo XX. Muchos de sus poemas han sido traducidos a varios idiomas.

También ha cultivado -bien es verdad que con menor dedicación- la prosa de ficción, a la que ha aportado una espléndida recopilación de narraciones breves, Las horas del amor y otras horas (Fuenlabrada [Madrid]: Magisterio Español, 1976), y Correo para la muerte (Madrid: Espasa Calpe, 1973), donde mantiene una emotiva comunicación epistolar con sus amigos fallecidos. Asimismo, son dignas de destacarse sus obras de apuntes, recuerdos y memorias personales, como Diario de un trabajador (Madrid: Espasa Calpe, 1983), y su magnífica autobiografía Cuadernos de Miguel Alonso (1943-1983), publicada primero en la revista Anthropos (1989) y editada luego bajo el mismo título en formato de libro (Barcelona: Anthropos, 1991 [2 vols.]).

En su faceta de ensayista, investigador y estudioso de la literatura española de todos los tiempos, el escritor alcarreño ha destacado por una rigurosa y apreciada obra crítica que ha tenido una amplia difusión no sólo en España, sino también en numerosos países extranjeros (y, fundamentalmente, en los Estados Unidos de América, donde Ramón de Garciasol es bien conocido por su pertenencia, desde 1963, a la Hispanic Society of America). Sus artículos y ensayos han aparecido en revistas filológicas de ambos continentes, y sus volúmenes monográficos, difundidos también en las dos orillas del Atlántico, le han revelado como uno de los mejores conocedores de las Letras españolas del Siglo de Oro (especialmente, en lo referido a las vidas y las obras de Cervantes y Quevedo). Entre estos ensayos y estudios literarios de Ramón de Garciasol, conviene destacar su espléndida investigación biográfica sobre la peripecia del autor del Quijote, publicada bajo el título de Vida heroica de Miguel de Cervantes (1944), así como Una pregunta mal hecha: ¿qué es la poesía? (1954), Cervantes y el hombre actual (1966), Hombres de España: Cervantes (1968), Quevedo (Madrid: Espasa Calpe, 1976), Rubén Darío en sus versos (Madrid: Agencia Española de Cooperación Internacional, 1978), Unamuno: al hilo de 'Poesías', 1907 (Alcobendas [Madrid]: Sociedad General Española de Librería, 1980), Cervantes (Barcelona: Destino, 1982) y Claves de España: Cervantes y el Quijote.

Entre los numerosos honores, distinciones y reconocimientos que jalonan su dilatada trayectoria creativa e intelectual, cabe recordar aquí el Premio Pedro Henríquez Ureña de la Asociación Cultural Iberoamericana (1961); el Premio Fastenrath de la Real Academia Española de la Lengua -otorgado a su ensayo titulado Lección de Rubén Darío-; el Premio Álamo de Poesía, por su libro Atila (1973); el Premio de la Asociación Café Marfil de Elche, concedido a su obra Libro de Tobía (1976); y el Premio Rodrigo Caro de Poesía, convocado por el Colegio de Abogados de Madrid, que recayó en su edición de 1986 en un poema de Ramón de Garciasol titulado "Vaso con violetas".

A finales de 1989, la revista de documentación científica de la cultura Anthropos le dedicó su número 103, bajo el título de "Memoria, pensamiento y experiencia de una pasión". Unos meses después -concretamente, el día 18 de febrero de 1990- fue honrado en Italia con la medalla de Plata de la Universidad de Turín, en el transcurso de un seminario dedicado a Antonio Machado, en el que también fueron homenajeados con el mismo distintivo los poetas españoles Rafael Alberti, José Hierro y Leopoldo de Luis. Y el 25 de mayo de aquel mismo año, dentro de los actos organizados para conmemorar el Día de la Región castellano-manchega, Ramón de Garciasol fue honrado por sus paisanos con la entrega de la medalla de oro de Castilla-La Mancha.

Estos homenajes y reconocimientos tardíos vinieron a suavizar, en parte, los rigores en que transcurría su vejez, en una época aciaga en la que, a la desgracia de haber enviudado, se sumó la fatalidad de ir perdiendo la vista hasta quedarse prácticamente ciego. Afectado por un fulminante derrame cerebral, ingresó en el Hospital Clínico de Madrid en mayo de 1994, donde perdió la vida a mediados de dicho mes.
J. R. Fernández de Cano.

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