Blog dedicado a la biografía breve de personajes destacados y curiosos de la provincia de Guadalajara, hasta el siglo XX, por Tomás Gismera Velasco.-correo: tgismeravelasco@gmail.com

viernes, mayo 15, 2026

TOMÁS BRAVO Y LECEA

 

RECORDANDO A DON TOMÁS BRAVO Y LECEA

En el centenario de su fallecimiento

 

   En el anochecer del martes 26 de mayo de 1926, en Cabanillas del Campo, se despidió del mundo de los vivos don Tomás Bravo y Lecea cuando contaba con sesenta años de edad, había nacido en Madrid en 1866, y se dedicó en Guadalajara, donde pasó la mayor parte de su vida, al mundo de la judicatura, la prensa, la novela o la literatura en general; siendo uno de los hombres más significativos en el mundo del periodismo en una provincia en la que, en este tiempo, abundaba la prensa escrita; en numerosas de sus páginas dejó Tomás Bravo y Lecea su firma, e incluso llegó a presidir en el segundo decenio del siglo, la Asociación de la Prensa de Guadalajara.




 

Bravo y Lecea, hombre de letras y de leyes

   El profesor Calero Delso, sin duda el más significativo de los biógrafos de Bravo y Lecea, nos indica que nació en Madrid, en el ya señalado año de 1866, y en la capital del reino dedicó los primeros años de su vida al estudio, en el Instituto del Cardenal Cisneros, por supuesto que con notable aplicación, ya que obtuvo varios premios cuando apenas contaba con 14 años de edad, destacando en él su pronta vena literaria: Con apenas veinte llevaría su nombre a los medios de prensa, apareciendo sus primeras líneas escritas en algunos medios de Valladolid, ciudad en la que concluyó sus estudios de derecho, dedicando los ratos de ocio a poner sus pensamientos en verso y prosa. Allí, en Valladolid, en el mes de julio de 1887, obtendría la licenciatura en Derecho civil y canónigo, continuando de esa manera la obra paterna. Su padre, Antonio Bravo Tudela, también llevó a cabo estudios legislativos, ejerciendo como abogado, dedicación que dejaría por la judicatura, llegando a ser nombrado en 1889 presidente de la Audiencia Provincial de Guadalajara, trasladándose a nuestra capital, a la que posteriormente le seguiría su hijo.

   Antonio Bravo sin embargo no ejercería su labor en Guadalajara durante mucho tiempo, ya que la muerte le sorprendió en Madrid el 18 de julio de 1891 cuando, tras pasar el verano en uno de los famosos balnearios nacionales, se disponía a regresar a nuestra capital.

 

Bravo y Lecea, en Guadalajara

   Como anteriormente apuntábamos, antes de llegar a Guadalajara, Bravo y Lecea era ya conocido en el mundo literario. Sus cuentos, relatos y poemas aparecían con relativa frecuencia en revistas literarias como La Ilustración Nacional, de Madrid; La Tempestad y El Faro de Castilla, de Segovia; El Norte de Castilla, de Burgos; o la Revista de Vizcaya, de Bilbao, entre otros numerosos medios de prensa castellanos y madrileños, en los que se llegó a forjar una pequeña fama literaria que le acompañaría a Guadalajara, en donde abrió gabinete jurídico en la calle Mayor cuando corría el año 1892, desde donde se ocupó de casos, civiles y penales de nombradía, entre ellos ejerciendo la defensa de uno de los acusados del famoso “crimen del ermitaño”, de Cifuentes; o de los encausados por el no menos conocido de los “muleteros de Maranchón”.

   En Guadalajara se encontraba al menos desde dos años atrás, pues desde aquí firmaba y enviaba sus colaboraciones de prensa a los medios. Y aquí en Guadalajara firmó, junto a nuestro buen sacerdote y arqueólogo, a más de gran escritor, natural de Horche, Ignacio Calvo y Sánchez, una de sus más reconocidas obras literarias en este tiempo, la novelita: “La Flor de la Alcarria”, que vería la luz primero en la prensa y posteriormente en libro, en 1890. Un año antes, en Valladolid, había dejado su primera recopilación de cuentos y artículos de prensa que llevaría el título de “Nubes y Celajes”. Sin que falten en este tiempo sus colaboraciones en la prensa de Guadalajara, principalmente en el semanario “El Eco”.

 

Bravo y Lecea, y sus publicaciones

   Para 1893 se pondría al frente de uno de sus primeros proyectos periodísticos, al dirigir un nuevo medio de prensa, La Ilustración, al servicio de los intereses políticos en la provincia de quien comenzaba a destacar en este mundo, Álvaro de Figueroa, nuestro Conde de Romanones quien, a través de este medio, trataría de convencer a su electorado alcarreño. La Ilustración, sin embargo, tan solo publicaría tres números, dedicando sus portadas al Sr. Conde, a D. Antonio Botija y a D. Diego García Martínez. Por supuesto que en sus páginas se ensalzaban la figura política, y los logros, de cada uno de ellos.

   No por ello, el cese de publicación de La Ilustración, dejó Bravo y Lecea de escribir en los medios provinciales, ya que inmediatamente comenzó a aparecer su firma en el semanario Flores y Abejas, al tiempo que se ocupaba de su bufete jurídico, interviniendo en cuantos eventos culturales tuvieron lugar en este tiempo en la ciudad, ante todo en el Ateneo Caracense, donde ofreció numerosas conferencias; estrenándose en algunos de los teatritos de la capital algunas de sus numerosas obras, o juguetes cómicos teatrales, de corta duración.

   En 1895 dará a la imprenta, en Guadalajara, su obra “La clase obrera”, y en el mes de junio de este mismo año pasará a ocupar el cargo de redactor jefe del semanario provincial “La Crónica”, que llegará a dirigir durante algún tiempo, siendo sus crónicas y opiniones no muy bien recibidas por algunos sectores políticos contrarios a sus ideas, lo que le llevarán a sentarse en el banquillo de los juzgados capitalinos; de los que saldrá libre de cargos.

   No faltarán en su vida los oficios que llevaba aparejada la existencia de un personaje de nuestra talla. Bravo y Lecea pasará por los juzgados municipales de la ciudad de Guadalajara, ocupando los cargos de juez y fiscal; por el Gobierno Civil, y no faltarán, en su larga lista de nombramientos y ocupaciones la secretaría de la administración provincial de la Beneficencia, la de cofradías, cátedras y reuniones culturales; añadiendo a su colección de nombramientos, incluso, la de Bibliotecario del Casino de Guadalajara, en 1900. Entre numerosos más.

   Iniciará, junto al también abogado José María Solano, en 1901, el que será uno de sus grandes proyectos y que mayor número de años permanecerá en el tiempo, la edición del Anuario Guía de Guadalajara, en principio dedicado a la ciudad, que por vez primera verá la luz en 1902, en el que se incluirán los principales datos de la industria, el comercio o los profesionales de la ciudad; que en años sucesivos irá ampliándose para abarcar a las principales poblaciones de la provincia; de periodicidad anual, con sucesivas ampliaciones a los partidos judiciales, y que será sustituida al final del decenio por la guía de la abogacía, “El Indispensable para el abogado, y útil para los demás”. Convertida en obra de referencia no sólo en Guadalajara, sino que su ámbito se extenderá a la totalidad del reino.

   Dejaría Guadalajara por Barcelona, acompañando a su hija Amparo en 1923, sin por ello olvidarse de la prensa y vida social de nuestra provincia. Allí sería redactor del “Diario de Barcelona”, compaginando a partir de entonces sus estancias catalanas con las provinciales en Guadalajara o Cabanillas, a cuya población se ligaría a través de su esposa, Adelaida de Bartolomé, manteniendo en ambas poblaciones sus amistades y vida sociales.

   A Guadalajara y Cabanillas regresó definitivamente en el mes de abril de 1926, con la intención de recuperarse de la afección que en aquellos momentos le aquejaba; enfermedad de la que no se repondría, alcanzándole la muerte en aquel anochecer del 26 de mayo de 1926, recibiendo sepultura al día siguiente en el cementerio municipal de Guadalajara. Cien años hace.

 

Tomás Gismera Velasco/ Guadalajara en la memoria/ Periódico Nueva Alcarria/ Guadalajara, 15 de mayo de 2026


MUJERES EN GUADALAJARA

 

MUJERES EN GUADALAJARA

 

   El autor reúne, en esta obra, a una serie de mujeres que han formado, y forman, parte de la historia de Guadalajara y su provincia. Mujeres que pertenecieron a la nobleza; que tomaron parte de la vida política o cultural; escritores, poetisas, mujeres sencillas, y, por supuesto, maestras, cada una en su mundo.

   Semblanzas biográficas ampliadas en torno a las publicaciones del autor, algunas de las cuales han aparecido esbozadas en sus colaboraciones en la prensa provincial. Son, sin duda, mujeres que hicieron, y son historia.

 

MUJERES EN GUADALAJARA, EL LIBRO, PULSANDO AQUÍ

 

   En las páginas que componen esta obra encontraremos las semblanzas de: María Diega Desmassières y Sevillano; Luisa Bravo de Guzmán; Antonia Bronchalo Lopesino (Lupe Sino); Carmen Bueno Paz; Carmen de Burgos Seguí (Colombine);  Eva Cervantes (Esperanza Perales);  Mayor Guillén de Guzmán; Catalina de Lancaster; Luisa de Medrano; Ana de Mendoza y de la Cerda; Brianda de Mendoza y Luna; Mencía de Mendoza; Isabel Muñoz Caravaca; Vicenta Ortíz Cuesta; María Pacheco de Mendoza; María Pérez de Sotomayor; Elena Sánchez de Arrojo; Amelia de la Torre y Asunción Vela López.

 

 MUJERES EN GUADALAJARA, EL LIBRO, PULSANDO AQUÍ

 

 

 

SUMARIO GENERAL

-I-

María Diega Desmassières y Sevillano, Condesa de la Vega del Pozo, Duquesa de Sevillano

Dedicó su vida a hacer, sobre todo, obras de caridad

Pág. 9

 

-II-

LUISA BRAVO DE GUZMÁN

Marquesa de Lanzarote; la mujer que ganó casi todas sus batallas

Pág. 19

 

-III-

LUPE SINO

(Antonia Bronchalo Lopesino)

La novia del torero

Pág. 31

 

-IV-

CARMEN BUENO PAZ, DE LAYNA

Detrás de un gran hombre…

Pág. 45

 

-V-

CARMEN DE BURGOS SEGUÍ,

“COLOMBINE”

Una dama de las letras, en Guadalajara

Pág. 65

 

-VI-

EVA CERVANTES

La poetisa que descubrió Jadraque

Pág. 75

 

-VII-

MAYOR GUILLÉN DE GUZMÁN

Señora de Palazuelos, Alcocer y el Infantado, y su descendencia

Pág. 87

 

-VIII-

CATALINA DE LANCASTER

Reina y Señora de Guadalajara

Pág. 115

 

-IX-

LUISA DE MEDRANO

¿La primer Catedrático?

Pág. 123

 

-X-

ANA DE ÉBOLI

La princesa cautiva de Pastrana y de Cifuentes

Pág. 131

 

-XI-

BRIANDA DE MENDOZA Y LUNA

Memoria de una dama, en la historia de Guadalajara

Pág. 139

 

-XII-

MENCÍA DE MENDOZA

Dama del Renacimiento

Pág. 147

 

-XIII-

ISABEL MUÑOZ CARAVACA

La mujer que soñó un mundo justo

Pág. 155

 

-XIV-

VICENTA ORTIZ CUESTA

Una mujer de medalla

Pág. 209

 

-XV-

MARÍA PACHECO

La Comunera Mendoza

Pág. 215

 

-XVI-

MARÍA PÉREZ DE SOTOMAYOR

La Varona de Paredes

Pág. 221

 

-XVII-

ELENA SÁNCHEZ DE ARROJO

La primera concejala

Pág. 229

 

-XVIII-

AMELIA DE LA TORRE

La actriz de Illana

Pág. 235

 

-XIX-

ASUNCIÓN VELA LÓPEZ

Maestra de maestras

Pág. 245

 

 

 MUJERES EN GUADALAJARA, EL LIBRO, PULSANDO AQUÍ

 

 

  • ASIN ‏ : ‎ B0BNK7LKCT
  • Editorial ‏ : ‎ Independently published
  • Idioma ‏ : ‎ Español
  • Tapa blanda ‏ : ‎ 257 páginas
  • ISBN-13 ‏ : ‎ 979-8366086028
  • Peso del producto ‏ : ‎ 399 g
  • Dimensiones ‏ : ‎ 13.97 x 1.65 x 21.59 cm 
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jueves, abril 23, 2026

FELIPA POLO, LA LIBRERA DE MADRID

  

FELIPA POLO, LA LIBRERA DE MADRID

Regentó en la calle Libreros una de las más populares librerías madrileñas

 

   Nació Felipa Polo Asenjo en Loranca de Tajuña (Guadalajara) el 6 de junio de 1911, destinada a ser una de las libreras más populares de Madrid en las últimas décadas del siglo XX. Al término del decenio de su nacimiento perdió a sus padres y, con nueve años y hermanos a los que cuidar, las autoridades provinciales buscaron para ellos acogida en una de aquellas casas de “Misericordia”, o Inclusas, que tanto abundaban en la capital del reino. Se trataba de un convento del viejo Madrid en el que se acogía a huérfanos y en él entró Felipa con sus hermanos, y del que salió para labrarse la vida.



 

La librera de la calle de Jacometrezo

   Felipa salió de la casa de Misericordia para servir de criadita y chica de los recados, con apenas doce años, de una dama que con el tiempo fue poseedora de una librería en la calle de Jacometrezo. Doña Pepita, o mejor Josefa Borrás Ballester; valenciana de origen, a más de gustarle el libro tenía otras aficiones y oficios en los que gastar el tiempo, a pesar de que lo que en realidad hacía era dedicarse a los demás como maestra de sordomudos. Con ella aprendió Felipa el oficio de comprar libros de segunda mano y venderlos como nuevos, tras darles el repaso necesario y restallarles las heridas.

   La apertura de la Gran Vía y el derribo de algunos edificios, entre ellos parte de la calle de Jacometrezo en donde se encontraba el negocio de doña Pepita las trasladó a la otra acera, a la calle de los Libreros, y allí, años después, tras la muerte de la mujer que la acogió, Felipa Polo abrió su librería propia en el número 16. Justo encima de la librería tenía su domicilio con lo que el olor a papel y libro viejo ascendía por las escaleras interiores que comunicaban tienda y casa, uniéndose en una sola vida el libro y la esperanza de futuro.

   Pudiera pensarse que muchos negocios en una misma calle dedicada a lo mismo era una ruina. Sin embargo no era así. De cualquier punto de España, sabiendo que allí se encontraría lo buscado, se acudía a la calle de los Libreros. Y cuando era conocido que uno de los titulares era de una provincia en cuestión, a ella acudían sus naturales con la confianza que da el paisanaje. Que en ocasiones suele tener sus consecuencias; Felipa llegó a conocerse a muchos de los estudiantes guadalajareños que acudían a la universidad madrileña o a la de Alcalá. Y conoció a quienes eran buenos y malos, por aquello de que buscaban nuevos o viejos manuales.

 

Los dichos de Felipa Polo

   En ocasiones tener una vida dura marca el camino. Se lo marcó a Felipa. Por ello era de esa clase de personas que ante la necesidad soltaban aquello de: “… anda, anda, ya me pagarás cuando acabes la carrera…”. Al término de la carrera el estudiante en cuestión acudía con ese orgullo del recién licenciado a depositar sobre el mostrador los billetes de los libros. No pocos de aquellos que terminaron carreras, hijos de labradores en busca de fortuna en el Madrid de la posguerra y sin recursos propios para comprar los necesarios códigos pudieron tener libros gracias a ella, que se las apañaba para que sin ver heridos sus sentimientos se los llevasen a pago aplazado

   Felipa disfrutaba con eso, que su clientela aprobase la carrera. Es quizá por eso que en más de cuatro ocasiones soltó a algún que otro repetidor y zoquete en el estudio lo dicho de no vuelvas, a menos que fuese en busca de los libros de un curso superior. En su librería, de éxito, empleó a sus hermanos, después pasó el relevo a los descendientes de aquellos.

   Sus broncas se hicieron populares hasta el punto de reconocer algunos de sus clientes que sin aquellas no hubiesen logrado terminar la carrera. Era mujer; como buena mujer de un tiempo que marcó una época, de dichos, refranes y decires. Po ello llenó su librería con sentencias que nos parecerían bufas y entonces tenían su sentido:

   -Si no tienes nada que hacer, no lo vengas a hacer aquí…

   -Quien se hace miel, se lo comen las moscas…

   Esos, y muchos otros que llenarían las páginas de un libro, como ella llenó las páginas de la historia del Madrid, mejor que de los libreros, de las libreras, por espacio de más de cincuenta años. Los que estuvo al frente de su vieja librería. La pudieron las nuevas tecnologías, como a todas, aunque resistió con ella hasta el fin del primer milenio, y arrancó el segundo, ya con sus achaques, hasta que el tiempo se la llevó por razón de edad.

 

Una mujer en el recuerdo

   Felipa, quien a muchos ayudó, y muchos más se esforzaron en el estudio por no escuchar sus consabidas broncas, murió en Madrid, de donde era si no de nacimiento, al menos de voluntad y hábitos de trabajo, puesto que en Madrid pasó más tiempo que en la Alcarria, a pesar de que a sus pueblos dedicó parte de su vida. A su natal de Loranca de Tajuña y al de adopción, donde iría su cadáver luego que fuese muerta, Yélamos de Arriba (Guadalajara), de donde era originaria la familia. En Yélamos, sin que muchos de sus vecinos lo llegasen en su momento a conocer, costeó numerosas obras de caridad. Allí siempre tuvo un rincón en el que “invertir” de alguna manera el dinero que ganaba en su librería madrileña. En Yélamos también quiso que sus ahorros fuesen restallando las heridas que en la iglesia dejó la guerra, o ayudando con libros a escolares y universitarios. Dicen quienes la conocieron y trataron que Felipa fue una mujer: “vanguardista, emprendedora, lideresa generosa, trabajadora incansable y posgraduada en ese completo máster que llamamos vida. Conseguidora de los títulos más inaccesibles, cualquier libro estaba inventariado en su memoria prodigiosa…”

   Y aún dicen de ella dicen más, que “como buena castellana, era de una gran austeridad, carente de ambiciones materiales, altruista, especialmente con aquellos clientes o estudiantes que conocía que se hallaban en dificultades económicas, prestándoles los libros que precisaban para que pudieran examinarse o en regalar bocadillos a aquellos que se encontraban en apuros. Por ello, su tienda era cita obligada para determinados colectivos, como estudiantes, proveedores y editoriales, con los que siempre mantuvo una excelente relación…”

   Tanto fue su mérito en vida que, en vida, recibió la gratitud de números madrileños, y por supuesto de hijos naturales de su provincia de Guadalajara. Pasando a ser parte de la historia del viejo Madrid. Tanto que años después de su muerte todavía se la recuerda. Siendo homenajeada a su tiempo por los cronistas madrileños y por los guadalajareños en Madrid, donde falleció el 25 de abril de 2002. Desde el día siguiente sus restos reposan a la eternidad en el cementerio de su casi localidad natal de Yélamos de Arriba.

   Más tarde, el Ayuntamiento de Madrid situó, sobre la fachada de la casa en la que trabajó y vivió la mayor parte de su vida, una de esas placas que hacen memoria de un tiempo vivido entre libros, papel viejo y letra de imprenta.

   Como que la vida es como la vamos escribiendo día a día y al final, al pasar la última página del libro en el que se va plasmando, encontramos el resumen que, desde la primera, andamos buscando. Pudiera ser lo que Felipa Polo Asenjo buscó y dejó para el futuro de su recuerdo.

 

Tomás Gismera Velasco/ Guadalajara en la memoria/ Periódico Nueva Alcarria/ Guadalajara, 24 de abril de 2026


LORANCA DE TAJUÑA EN EL TIEMPO

LORANCA DE TAJUÑA en el Tiempo

 

   El pasado de LORANCA DE TAJUÑA (Guadalajara), es denso. Desde los tiempos primitivos a la actualidad, la historia ha ido pasando y dejando un poso inmenso en sus calles, sus personajes o su patrimonio.

   Forma parte de la Alcarria, a medio camino estuvo entre la actual provincia de Guadalajara y la de Cuenca, quedando incluida finalmente en el siglo XIX en la primera.

   Por aquí pasó Álvar Fáñez de Minaya cuando, junto al Cid Rodrigo de Vivar marchó camino de Valencia, y antes de ello reconquistó la Alcarria. Por aquí pasaron los Mendoza y en Jesús del Monte hicieron un alto los maestros jesuitas de Alcalá.

   Con concisión, las páginas siguientes repasan una importante parte de la historia, el costumbrismo y el patrimonio histórico de Loranca de Tajuña.

 

 

LORANCA DE TAJUÑA, EL LIBRO, PULSANDO AQUÍ

 

 

SUMARIO GENERAL:

 

-I-

Loranca de Tajuña

Pág. 9

La Situación, la Geografía, los Orígenes

El partido de Pastrana

Demografía

Loranca de Tajuña en los manuales

Los Diccionarios

Algunos topónimos del término

Callejero tradicional

 

-II-

Entre los tiempos remotos, y la reconquista

Pág. 29

Páginas para la Historia

Alvar Fáñez de Minaya

Loranca de Tajuña, aldea de Guadalajara. Señorío de los Mendoza

 

-III-

Loranca de Tajuña, Siglo XVI

Pág. 53

Las Relaciones Topográficas de Felipe II

 

-IV-

Loranca, entre los siglos XVII y XVIII

Pág. 67

El Catastro de Ensenada

Un personaje del siglo, Manuel Justo Martínez Galiano

El Colegio de Jesús del Monte

 

-V-

Guerra por una Independencia

El Siglo XIX

Pág. 101

El 2 de mayo

Las guerras carlistas

 

-VI-

Loranca de Tajuña, entre el ayer y el hoy

Pág. 121

El Pósito

La asistencia médica y farmacéutica

Loranca de Tajuña s en los tiempos del Cólera

Zofra y ladra o hacendera (prestación personal)

La llegada del Siglo XX

La fiesta, en Loranca de Tajuña

En torno a los Mayos en Loranca

 

LORANCA DE TAJUÑA, EL LIBRO, PULSANDO AQUÍ

viernes, marzo 13, 2026

DEMETRIA LEAL SANZ, LA POETA DE BRIHUEGA

 

DEMETRIA LEAL, LA POETA DE BRIHUEGA

So obra: Hay un jardín en la Alcarria, la consagró en 1984

 

  Don José Jara Ortega, poeta briocense que se ganó la vida en Madrid, entre otras dedicaciones, como Procurador de los Tribunales, ejerciendo en ratos ociosos como poeta y contador de historias, fue tal vez uno de los primeros autores que dedicó un amplio espacio a glosar la obra poética de Demetria Leal y de quienes, desde Brihuega, salieron al mundo de la poesía para cantar los encantos de una tierra. El Jardín de la Alcarria, que ya rotulaban en sus obras cuando el siglo XX comenzaba el final de su andadura. Don José Jara, hijo de quien fuese secretario municipal de la villa, don Emilio, aprendió a caminar con una sola pierna, la derecha. La izquierda la perdió el 9 de septiembre de 1918 junto a la puerta de San Miguel de su Brihuega natal, cuando trató de subirse al carro de los Riaza, tropezó al hacerlo, cayó y una de las ruedas le pasó por encima, procediendo los médicos a su amputación. Contaba don José con siete años de edad; a pesar de ello estudió y ejerció el Magisterio y terminó su vida profesional, como decíamos, como Procurador de los Tribunales, al tiempo que administrador de un conocido condado provincial. Don José falleció en Madrid, en los últimos días de diciembre de 2003, a los noventa y cinco años de edad y marchó a descansar a las tierras que administraba. Cuando le amputaron la pierna apenas le daban unos meses de vida.

   Años antes de pasar a la historia nos legó una de sus mejores obras. Su: “Antología de Poetas Briocenses”, que vio la luz a través de los Cuadernos de Etnología de Guadalajara, en 1991.

   Por las páginas de la obra desfilan Matías Dioz, El Mona, Aurelio González “el Pelos”, Cepero “el Cavila”, María Victoria Viejo, José Magaña, Antonio Ruiz, Antonio del Cerro, Adelardo Caballero, Saturnino Ortega y Demetria Leal; poetas que don José conoció. Sazonadas las páginas poéticas con los recuerdos del chiquillo que corrió las calles de Brihuega con una sola pierna.



 

Demetria Leal Sanz

  En Brihuega nació Demetria Leal Sanz, el 2 de abril de 1912, siendo bautizada en la iglesia de San Miguel, a la que pertenecía, como residente en la calle de las Armas en la que su padre regentaba una zapatería; llevando a cabo en Brihuega sus primeros estudios, en el colegio de las Monjas Bernardas de la localidad. Dándose a conocer como hábil poeta con poco más de veinte años de edad, en 1926, en su propia localidad, recitando versos con motivo de los festejos populares de la Virgen de la Peña de Brihuega, cuya localidad estará presente en su larga trayectoria. Y a la que cantará poéticamente en todas sus facetas, monumental, histórica o urbana.

   El traslado de la industria familiar a la localidad de Tarancón (Cuenca), hará que Demetria se afinque en la localidad conquense en 1943, cuando ya se encontraba casada con el hijo de uno de los industriales más prestigiosos de la capital alcarreña, don Luis Domenech, titular de uno de los mejores comercios dedicados a los tejidos y la paquetería, ubicado en la Plaza Mayor. Demetria, con su marido, don José, llegarán a ser personajes populares en Tarancón, participando a partir de entonces en la vida cultural de la localidad.

   No sólo a la poesía, también al relato histórico dedicará tiempo Demetria Leal, centrando la mayor parte de sus trabajos en la historia de Brihuega, en torno a la cual escribirá la novela de este género, mitad en prosa, mitad en verso: “La Alcarria en el siglo XI” (Guadalajara, 1961), obra que fragmentada dará a conocer a través del semanario Flores y Abejas de Guadalajara.

 

Una obra de premio

   La obra literaria de Demetria Leal Sanz será galardonada con diferentes premios de poesía y narrativa, como el obtenido en 1956 con motivo de la festividad de la Virgen de la Paloma, de Madrid; participando en numerosos más, como el de poesía patrocinado por la Diputación Provincial de Albacete en 1960, al que concurrirá con la obra: “La tierra tiembla”, así como al patrocinado por la Diputación Provincial de Guadalajara en homenaje al periodista José de Juan García, en 1973, origen de los premios provinciales de periodismo.

   Al tiempo colabora con los principales medios periodísticos de la provincia de Guadalajara, entre ellos los semanarios Flores y Abejas y Nueva Alcarria, en su conocida sección: “Alcarria Poética”.

   En ellas siempre tendrá presente, directa o indirectamente, una línea, o recuerdo, para cantar a la Brihuega de su nacimiento.

   Será asidua colaboradora de la revista cultural “Malena”, de su localidad de residencia, Tarancón, desde la fundación de la revista en 1981, en la que desarrollará la sección: “Retrotraer el tiempo”. Su firma y poemas tampoco faltarán en el Boletín “Arriaca”, de la Casa de Guadalajara en Madrid; así como en la revista de su localidad natal: “Gentes de Brihuega”; de manera ocasional también lo hará en el “Boletín de la Real Academia Conquense de Artes y Letras”; así como en la Revista de la Semana Santa de Daimiel (Ciudad Real). Tampoco faltará su firma en los programas festivos de Tarancón, a partir de 1965.

 

Hay un jardín en la Alcarria

   Su obra más significativa será: “Hay un jardín en la Alcarria”, dedicada a su natal Brihuega, que verá la luz en 1984, a pesar de que recorre las páginas periodísticas desde 1981, será pública y literariamente presentada a través de la Casa de Guadalajara en Madrid, en el mes de marzo de 1985, recibiendo el aplauso del mundo cultural de la provincia, y destacándose como uno de los libros líricos más reconocidos de Brihuega.

  Su lírica, a partir de aquí, irá en aumento, compaginando su vida familiar con la poética y literaria, que la llevarán a que el pueblo de Brihuega le rinda homenaje, agradeciendo el conjunto de su obra a la localidad, en el mes de julio de 2005, cuando los años comienzan a pesar; mientras que en Tarancón, y con motivo de la publicación de su libro: “Un rato con los niños”, recibió el homenaje de su Ayuntamiento.

   Igualmente, su localidad de residencia, Tarancón, dará su nombre a una de sus calles. Publicándose tras su fallecimiento algunos poemas de su autoría que permanecían inéditos, conformando los poemarios “Poemas al viento”, que vería la luz en 2012; “El niño que subió a la luna” (2009); así como “El libro del pensamiento” (2007).

   Demetria Leal Sanz fallecería en Madrid, el 25 de octubre de 2006, siendo sepultada en Tarancón (Cuenca); poco tiempo después; con motivo de la Semana del Libro de Tarancón, celebrada en el mes de abril de 2007, la localidad tributaría un gran homenaje póstumo en su memoria reconociendo su larga trayectoria literaria. Mientras que la Revista Malena dedicaría a homenajear su figura la editada en el mes de abril de 2007.

   Por Brihuega todavía resuenan sus versos:

 

Brihuega, pueblo querido,

alegría de la Alcarria,

coronado de laureles,

y cercado de murallas…

 

Tomás Gismera Velasco/ Guadalajara en la memoria/ Periódico Nueva Alcarria; Guadalajara, 13 de marzo de 2026


BRIHUEGA, CRÓNICAS DE UN SIGLO

 

A través de tres volúmenes: “Brihuega en los tiempos del cólera”; “La Razón de un Centenario” y “Brihuega Monumento Nacional”; el autor nos introduce en la historia de Brihuega, a través de crónicas y textos, de los último, prácticamente, doscientos años.

 Dan inicio las crónicas en 1808, coincidiendo con la declaración de Guerra que llevó a la de la Independencia, dándonos cuenta de todos los pormenores que, de relativa importancia, suceden en Brihuega a lo largo del siglo XIX, entre 1808 y 1894, a los que se dedica el primero de los volúmenes, dejando un amplio relato de los avatares que llevaron a Brihuega las epidemias de cólera que se sucedieron a lo largo del siglo.

 Entre 1895 y 1920 transcurre el segundo volumen, en cuyo tiempo se conmemorará de manera significativa el segundo centenario de las batallas de Brihuega y Villaviciosa, en 1710.

 En el tercer volumen, el autor nos conduce a través de cincuenta años de la historia del siglo XX, desde la Coronación de la Virgen de la Peña, a la declaración de Monumento Nacional de la Villa de Brihuega en 1973, dejando constancia de gran parte de los sucesos habidos en este tiempo.

    Crónicas, sucesos, biografías, historias grandes y pequeñas, se resumen en las, prácticamente mil páginas, que completan los tres volúmenes a través de los que conoceremos, con la crónica del tiempo, y sus cronistas, el devenir de una población a lo largo del tiempo que recorren.

    Las “crónicas” que siguen, y que son parte de la historia de Brihuega a lo largo del siglo XIX han sido tomadas de la prensa, publicaciones, revistas y libros que se referencian. Entre los que no se hace mención, dado su elevado número son, principalmente, los semanarios de Guadalajara, publicados desde finales del siglo XIX, Flores y Abejas (a partir de 1894); Atienza Ilustrada (desde 1898); Boletín Eclesiástico del Obispado de Sigüenza (desde 1859); Boletín Oficial de la Provincia de Guadalajara (desde 1834); Crónica de la Exposición Provincial de Guadalajara (1876); La Educación Popular (1896); La Ilustración (desde 1893); Revista Popular (1890); La Crónica (desde 1897); así como la Gaceta de la Regencia; La Gaceta Oficial de España, y los numerosos diarios y semanarios publicados, principalmente, en Madrid.

   Cuanto se publica en letra menuda o cursiva es tomado textualmente de las noticias, crónicas, libros e informaciones a las que se hace referencia.

   Todas ellas sirven para componer lo que bien podría denominarse: “Historia de Brihuega, del siglo XIX y XX”.

   Son las vivencias de las gentes sencillas, de nuestros abuelos, de sus padres. La historia de las gentes cercanas cuyos apellidos nos llegan, y nos suenan. La historia de los nuestros; y la transformación y adecuación a los tiempos modernos de una industriosa población

 

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Sumario General:

BRIHUEGA CRÓNICAS DE UN SIGLO (I)

BRIHUEGA EN LOS TIEMPOS DEL CÓLERA

(1808-1894)

-I-

Una guerra para comenzar un siglo

Pág. 9

Juan Martín, el Empecinado; Brihuega en guerra

 

-II-

El trienio liberal

Pág. 41

Brihuega industrial; Los Cien Mil hijos de San Luis; En busca de una capital de provincia; Brihuega en un Diccionario, el de Sebastián Miñano, de 1827

 

-III-

Isabelinos y Carlistas

Pág. 73

Joaquín Béjar, Padre Eterno; Y los peligros de salir al camino…; Brihuega 1834: La guadaña de la muerte; Brihuega, 1838; José Cobeño

 

-IV-

Entre toros y telares

Pág. 105

Brihuega en un Diccionario, el Madoz; La feria de Brihuega; e la vida ordinaria; El crimen del Barbero; La Borriquilla; Y, de nuevo, la visita del cólera

 -V-

El buen Gobernador

Pág. 157

Matías Bedoya, el buen Gobernador; El cólera de 1865: La epidemia negada

 -VI-

Un Caballero de Brihuega

Pág. 189

Luis María Pastor. Un ministro en Brihuega; La gran tormenta

 -VII-

La Brihuega de Celso Gomis

Pág. 227

Fernando Sepúlveda y Lucio: La Ciencia en Brihuega

 -VIII-

Miel de la Alcarria

Pág. 245

El crimen de los serenos; José Sepúlveda y Lucio; La última noche de Manuel Parra, el de Valdearenas; Gumersindo del Moral; “Pocoseso”; Fernando Manzano Pastor: La primera zarzuela; Camilo Pérez Moreno; Entre la Historia y la Prensa; Miel de la Alcarria

 

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BRIHUEGA:

CRÓNICAS DE UN SIGLO (II)

LA RAZÓN DE UN CENTENARIO

(1895-1920)

 -I-

Los desastres del 98

Pág. 9

Felipe de Diego y Esteban. La Medicina en Brihuega; Enrique Pastor Bedoya. Alverico Perón; El engendro; Sin Perdón. El reo de Valdegrudas

 -II-

San Felipe en llamas

Pág. 61

¡A los toros de Brihuega! ¡Que torea La Reverte!; ¡A las eras!; San Felipe en llamas

 -III-

Fe y Tradición

Pág. 125

Jesús Gómez Marlasca

 -IV-

La razón de un centenario

Pág. 153

Don Antonio Hernández López; Juan-Catalina García López. El primer Cronista

 -V-

Misión cumplida

Pág.  207

 -VI-

Brihuega y su Partido

Pág. 235

Justo Hernández Gómez. La herencia de un apellido

 -VII-

José Jara Ortega

Pág. 255

Eugenio Bartolomé y Mingo, el gran pedagogo

 

 

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BRIHUEGA

CRÓNICAS DE UN SIGLO (III)

BRIHUEGA MONUMENTO NACIONAL

(1921-1973)

-I-

Un hombre sabio

Pág. 9

Justo Sanjurjo y López de Gómara, un cónsul para Brihuega; Antonio Pareja Serrada, el historiador de Brihuega

 -II-

Tiempo de silencio

Pág. 39

Eduardo Contreras. El hombre de los mil sueños

 -III-

La fiesta de la Coronación

Pág. 69

La Sociedad Benéfica y de Fomento Briocense

 -IV-

Brihuega en Guerra

Pág. 115

El Comercial, el café más alcarreño de Madrid; Pedro Marlasca Riaza. La Filarmónica de Brihuega: El Castillo de Brihuega, de Francisco Layna Serrano; Ramón Casas Caballero. Alma de Brihuega; Luis del Río y Lara. Un Académico de Medicina en Brihuega

 -V-

Los años del hambre

Pág. 171

 -VI-

El Jardín de la Alcarria

Pág. 217

Vicente Riaza, el barítono de Brihuega

 -VII-

Brihuega, Monumento Nacional

Pág.253

La feria de Brihuega, en sus últimos años; Ramón Medina Ortega. El Cantor de Córdoba; Jesús Cabezudo Barragán: ¡Suene la Banda!;Juan Elegido Millán: El Profesor Max

 

 


BRIHUEGA EN LOS TIEMPOS DEL CÓLERA

  • ASIN ‏ : ‎ B0CNH746P4
  • Editorial ‏ : ‎ Independently published
  • Idioma ‏ : ‎ Español
  • Tapa blanda ‏ : ‎ 297 páginas
  • ISBN-13 ‏ : ‎ 979-8867810696
  • Peso del producto ‏ : ‎ 517 g
  • Dimensiones ‏ : ‎ 15.24 x 1.91 x 22.86 cm

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LA RAZÓN DE UN CENTENARIO

  • ASIN ‏ : ‎ B0CNH6V8LF
  • Editorial ‏ : ‎ Independently published
  • Idioma ‏ : ‎ Español
  • Tapa blanda ‏ : ‎ 290 páginas
  • ISBN-13 ‏ : ‎ 979-8867812669
  • Peso del producto ‏ : ‎ 503 g
  • Dimensiones ‏ : ‎ 15.24 x 1.85 x 22.86 cm

 

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BRIHUEGA, MONUMENTO NACIONAL

  • ASIN ‏ : ‎ B0CNH87412
  • Editorial ‏ : ‎ Independently published  
  • Idioma ‏ : ‎ Español
  • Tapa blanda ‏ : ‎ 298 páginas
  • ISBN-13 ‏ : ‎ 979-8867814045
  • Peso del producto ‏ : ‎ 517 g
  • Dimensiones ‏ : ‎ 15.24 x 1.91 x 22.86 cm 
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