Blog dedicado a la biografía breve de personajes destacados y curiosos de la provincia de Guadalajara, hasta el siglo XX, por Tomás Gismera Velasco.-correo: tgismeravelasco@gmail.com

viernes, febrero 20, 2026

BALBINO CERRADA SANZ

 

BALBINO CERRADA, EL LIBRERO DE MIEDES DE ATIENZA

Librero y editor, fue uno de los más populares de Madrid

 

 

   Ha pasado a la historia madrileña, como uno de los grandes impresores de su tiempo, don Antonio de Sancha, natural de Torija, donde nació en 1720. Su nombre, unido a los libros de los que participó es memoria de la historia de España, como lo es de la de Madrid; al igual que lo es la de don Nicolás Moya Jiménez. Don Nicolás, natural de Alovera, regentó la que ha sido tenida por la librería más antigua de la capital de España, ubicada, desde 1862, en la calle de Carretas. La librería se trasladó a esa nueva sede desde la cercana Plaza de Matute, y en ella don Nicolás, fallecido en 1912, ejerció su labor de librero y editor. La librería cerró definitivamente en 2019, después de que tras sus mostradores pasasen varias generaciones familiares.

   También en Madrid, en la calle de Fuencarral número 156, se mantuvo hasta mediada que fue la década de 1930 la librería Aceitero, regentada por don Federico Aceitero, natural de La Puerta. En los inicios de la década de 1940 don Federico, junto a su esposa, doña Blanca Amador, trasladaron la librería madrileña a la calle Mayor de Guadalajara.

   Y también en Madrid, tras una vida un tanto novelesca, regentó su librería en la calle de Los Libreros la única mujer que conocemos dedicada a la industria del libro impreso, doña Felipa Polo Asenjo, natural de Loranca de Tajuña y con fuertes raíces en otra de nuestras poblaciones, en la que descansa a la eternidad desde el mes de abril de 2002, Yélamos de Arriba.

   Son solo cuatro de los numerosos nombres que nos ha dejado la provincia dedicados en la capital del reino a imprimir y vender libros; sin embargo, en esto de la letra impresa y del papel en el que se imprimió, puede que a todos supere el nombre de Balbino Cerrada Sanz.



Balbino Cerrada, y Miedes de Atienza

 

Balbino Cerrada, el librero de Miedes de Atienza

  Don Balbino Cerrada Sanz, natural de Miedes de Atienza, donde nació en 1857, es sin lugar a dudas el nombre que en cuanto a libreros naturales de la provincia de Guadalajara asentados en Madrid, merece figurar en un lugar de privilegio. Don Balbino abandonó su lugar natal en 1879, cuando definitivamente y alegando la numerosa prole familiar paterna, fue excluido del servicio militar para trasladarse a Madrid con el fin de colaborar, a través de su trabajo, al sostenimiento familiar; algo así como ocho o diez hermanos le quedaron en la localidad serrana.

   Eran tiempos, los de finales de la década de 1870 e inicios de la siguiente, en los que la vida española se revolvió por los cuatro costados; y en los que la de Miedes de Atienza comenzó a apagarse, después de que el siglo le diese alguno de los mayores logros, como el de ser, siquiera por unos cuantos meses, cabeza de partido judicial, echando a un lado la titularidad de la villa inmediata, y casi hermana, de Atienza.

   Don Balbino entró como mozo de almacén, o de todo, en la tipografía de don Nicolás González, en la calle de la Magdalena número 17. Don Nicolás se estableció en aquel lugar como vendedor de estampas, libros, devocionarios y todo aquello que algo tenía que ver con la letra y el papel, en 1848; por este tiempo en el que nuestro paisano entró en el negocio lo amplió con nuevo establecimiento en la calle de Jacometrezo, por lo que don Nicolás decidió, en 1880, traspasar la enseña de la casa; un traspaso que finalmente, y tras las ayudas que lo permitieron, quedó en manos de Balbino Cerrada Sanz quien ya para 1881 lo regentaba con aumento de negocio y clientela; contaba con 24 años de edad cuando se estableció por su cuenta en ese local, como no podía ser de otra manera, situado en el Barrio de las Letras; “Impresiones La Minerva”, lo rotuló, y aquí comenzó su larga carrera en el mundo del libro y de la imprenta, creciendo en popularidad y simpatía, tanta que unos años más tarde, en 1889, la tienda de la calle de la Magdalena se le quedó pequeña; traspasó el local y se estableció en uno más amplio, en el 18 de la misma calle, con vuelta a la del Olivar desde donde, a punto de finiquitar el siglo, por el mes de junio de 1899 volvió a ampliar sus instalaciones asentándose en un nuevo y más rutilante local, a no demasiada distancia del anterior, en la Plaza de Matute número 6; local, por otro lado, que en la actualidad, a más de cien años de la apertura de la librería del Sr. Cerrada, continúa dedicado al mundo del libro.

 

Guadalajara en la sangre

   En la trastienda de la librería del Sr. Cerrada, en la Plaza de Matute, se formalizó, en los inicios del siglo XX, el Centro Alcarreño de Madrid, del que tomaron parte la flor y nata de la cultura provincial; y concluido el corto recorrido del Centro Alcarreño, de la trastienda de la librería del Sr. Cerrada surgió la Casa de Guadalajara en Madrid, tras las llamadas para su fundación hechas desde la capital del reino, y desde Guadalajara; el Sr. Cerrada puso libro, lápiz y papel para escribir sus primeras líneas, sus estatutos, y cuanto fue necesario. La desgracia no lo dejó ver cumplido el momento en el que, en la calle de Alcalá, abría sus puertas, el 4 de junio de 1933, la Casa de Guadalajara en Madrid.

   Para entonces era uno de los más importantes hombres dedicados al negocio de la imprenta y la venta del libro, con talleres tipográficos abiertos a los madrileños, el más importante al otro lado del río Manzanares, por donde Madrid crecía hacia los Carabancheles, en la calle de Antonio López número 41, que se convertiría en la joya de su corona, “La Paquita”, que hacía referencia y homenaje a su fallecida esposa, doña Francisca, hija de don Francisco Alberto Val, Alcalde que fue de Pastrana en los últimos años del siglo XIX. La fábrica de “La Paquita”, abierta en 1924, abastecería de papel de imprenta a la mayoría de las madrileñas, así como de las provincias limítrofes; por lo que no fue de extrañar ver a don Balbino por aquellos tiempos en los lugares más cultos de Madrid, escuchándose su nombre desde el Ateneo, a la Universidad. Llegando desde Madrid a su localidad natal en su flamante vehículo Essex, matrícula de Madrid, M-30.138.

   Don Balbino Cerrada Sanz pertenecía entonces a los gremios de libreros e impresores de Madrid; durante largo tiempo el papel con el que se imprimió el Boletín Oficial de la Provincia de Guadalajara, tanto como la Gaceta madrileña y las letras de cambio del Banco de España salió de su fábrica; y su nombre estuvo ligado a cuanto tuvo algo que ver con la exaltación de Guadalajara en Madrid, formando parte de la Asociación de Amigos de Guadalajara que creó el “Día de la exaltación alcarreña”, encontrándose tras la coronación canónica de la Virgen de la Antigua; también en Madrid fundó la llamada “Asociación de Amigos de los Pobres”, entre otras.

   En Madrid, falleció un frío 9 de febrero de 1933, sucediéndole en el mundo de sus negocios su único yerno, don Julián Gil Reina, casado con su única hija, Guadalupe Cerrada. Don Balbino salió por última vez de su casa, en la calle de Alcalá número 87, para quedarse a residir a la eternidad de los siglos en el cementerio madrileño de la Almudena.

   Un hombre que, como editor, dejó profunda huella en los estantes de los libros de Madrid.

 

 

Tomás Gismera Velasco/ Guadalajara en la memoria/ Periódico Nueva Alcarria/ Guadalajara, 20 de febrero de 2026

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Memoria de la iglesia de Miedes

Laureano Cerrada, el gran falsificador


UN LIBRO SOBRE MIEDES DE ATIENZA

 

MIEDES DE ATIENZA.
La tierra que el Cid cabalgó
El libro que  cuenta el hoy y el ayer de la localidad serrana

      Tiene, Miedes de Atienza, un cierto aire de ciudad en miniatura. De pueblo grande con historia escondida tras cada una de las grandes casonas que orlan la gran plaza en la que ahora se sitúa su Ayuntamiento, y en torno a la cual, actualmente, se desarrolla gran parte de su vida. A don José de Veladíez y Ortega de Castro le hubiese gustado verlo. Ver cómo todo gira, en Miedes de Atienza, en torno a su gran casa; como cuando él se encontraba entre los vivos y se asomaba a sus balcones para dirigirlo todo desde ellos; lo de acá, y lo de allá.




    La de don José de Veladíez era quizá una de las casas más grandes de la villa, y puede que de la comarca; sin que quedasen atrás las de sus hijos, que custodian la primitiva; la de don Francisco, por la izquierda y la de don Roque, por la derecha.

   Los tiempos de estos personajes coinciden con el del auge del precio de la lana, que fue el sostén de su fortuna. Don José, que paralizó las obras de la iglesia cuando se reconstruyó de nueva planta en el último tercio del siglo XVIII, para mayor gloria de su apellido se hizo construir una capilla, en pugna con otro de los potentados del lugar, don Juan Recacha.
   Nada que ver,  estos prohombres de apellido ilustre en la serranía, con don Lucas González, otro de los nacidos en la villa con anhelo de capital serrana. Don Lucas, que se hizo sacerdote en Sigüenza y encargó a sus testamentarios la fundación de un colegio en Alcalá de Henares para que estudiasen sus paisanos.


   También ha dado personajes de novela negra este Miedes que hoy es sombra de lo que fue, pues de aquí salió uno de los personajes más curiosos, y novelescos, que ha dado el siglo XX español, Laureano que murió como los grandes espías de novela policiaca; acribillado a tiros a las puertas de un café de París el día de su cumpleaños. La causa de la muerte: ajuste de cuentas.

   Aunque sin duda el gran personaje que ha marcado para los restos este entorno no es otro que Rodrigo de Vivar, a quien nadie, con anterioridad a la primavera de 1903 conocía por estos pagos.

   Son, qué duda cabe, memoria, historias, recuerdos de un pueblo. Páginas de un libro que traza su vida pasada y rememora la de quienes lo habitaron. Y es que, como tantos otros, Miedes de Atienza,  tiene ya el trazo de su vida recogida en papel de libro, conese sugestivo subtítulo: “La tierra que el Cid cabalgó”. Donde caben el ayer y el hoy, la villa y su tierra, y hacen presente, para quienes no lo conocieron, el pasado de una tierra hermosa. De una solemne villa que, un día no tan lejano, soñó con ser ciudad.







Este, es su sumario:


LA HISTORIA  / 11

Un apunte geográfico, y algo más / 11

Sobre los tiempos primitivos / 15

La Reconquista / 18



EL SEÑORÍO DE MIEDES  / 27

Iñigo López de Orozco. ¿Primer Señor de Miedes? /27

Gastón de la Cerda, Señor de Miedes /32

El Señorío de Miedes en el tiempo / 35



TIEMPOS RECIENTES  / 47
La Época Moderna /47
La Época Contemporánea / 53
Miedes, cabeza de partido judicial / 57
Un mercado para Miedes / 59
Miedes y las Guerras Carlistas / 61
El censo de población en el transcurso del tiempo / 65
EL PATRIMONIO RELIGIOSO  / 67
La Iglesia / 67

LOS SERVICIOS CONCEJILES Y ASISTENCIALES  / 99
El Hospital de la Santa Cruz /99
La fragua o herrería / 102
El molino harinero / 104
El horno de pan cocer, u horno de poia / 106
La carnicería /107
Las fuentes /108
El Pósito /109
La Cátedra de Gramática y Latinidad y la Obra Pía de Don Francisco Somolinos /111
Memoria de Don Domingo Aparicio /114

ARQUITECTURA CIVIL  / 119
Las Casonas /119

LOS VELADÍEZ, O BELADÍEZ / 129
Noticia General /129
Beladíez, o Veladíez, que fueron historia /135
José María Beladíez Herrera /135
Joaquín María Beladíez Herrera /137
Roque María Beladíez Herrera /140

 


PERSONAJES PARA LA HISTORIA DE MIEDES  / 143

EL CID EN MIEDES  / 177

UN TEATRO PARA MIEDES  / 187

MIEDES, CRÓNICA DEL SIGLO XIX  / 197

MIEDES, CRÓNICA DEL SIGLO XX  / 209



BIBLIOGRAFÍA BÁSICA  / 295


viernes, noviembre 21, 2025

DIEGO DE MADRIGAL: EL ARTE DEL RETABLO DESDE ATIENZA

 

DIEGO DE MADRIGAL: EL ARTE DEL RETABLO DESDE ATIENZA

Natural de la Villa, trabajó en las provincias de Guadalajara y Soria

 

   Poco que ver tiene la villa de Atienza que se presentaba al mundo en los siglos XVII-XVIII, con la actual. Siglo, el XVIII, en el que terminaron por marcharse los Bravo de Laguna, los Serantes, los Ortega o los Arias de Saavedra, para establecerse en la madrileña tierra que creció, en gran parte, con gentes llegadas de Guadalajara. Por aquellos siglos XVII y XVIII era la villa de Atienza centro artesano y artístico dentro del obispado de Sigüenza, al menos en el arte del retablo que por aquel tiempo triunfaba en las iglesias, ya que son estos dos siglos, con parte del XVI, en los que mayoritariamente los templos se comenzaron a renovar, siguiendo los dictados del Concilio de Trento, que dio un aire nuevo al arte religioso.

   Atienza, junto a Sigüenza y Molina de Aragón serán a partir de esos siglos las mecas de estas obras artísticas, muchas de las cuales todavía al día de hoy se pueden contemplar. Sigüenza, por cuna del obispado; Atienza y Molina de Aragón como poblaciones principales del mismo.

   De las tres surgirán nombres relevantes en el arte de la talla o del dorado, con talleres abiertos en cualquier parte de ellas; a más de que, encargadas las obras, los mismos artistas podían trasladar su taller, dependiendo del costo o del volumen, a cualquiera de las poblaciones con las que contratasen una de estas obras, sus retablos mayores, de capillas, o colaterales. La nómina de artistas no tiene fin; más concretándonos en este nombre, el de Diego de Madrigal y su taller atencino, concluyamos en que fue uno de los grandes, muy a pesar de que el tiempo olvidó su nombre.

 


 

 

Diego de Madrigal y Torija

   Nació, Diego de Madrigal y Torija, en la Atienza de 1658, sin que se sepa la fecha exacta, salvo algunos detalles de su corta vida infantil a través de documento signado por su madre, María Torija, cuando puso a su hijo como aprendiz de retablista en el taller del también artífice seguntino Diego del Castillo para que aprendiese el arte del retablo. Siendo, Diego del Castillo, otro de los grandes artistas en este arte en aquellos tiempos.

   Será su paisano, Juan Antonio Marco Martínez quien, a través de una de sus mayores obras de investigación histórica: “El retablo barroco en el antiguo Obispado de Sigüenza”, nos ofrezca los datos que acompañaron aquel documento-contrato de aprendizaje, fechado en Atienza el 2 de diciembre de 1672, cuando, probablemente, Diego del Castillo se encontrase en esta población con motivo del montaje o ajuste de alguna de sus obras, puesto que intervino en la creación de retablos en las iglesias de la Santísima Trinidad, San Juan y San Bartolomé.

   A través de aquel contrato, habitual en casos de aprendizaje, conoceremos que Diego de Madrigal, a más de hijo de María Torija, era ya huérfano de padre, del mismo nombre, entregando la madre al hijo para que este aprendiese el arte a través del que poder desarrollarse para el futuro: “dijeron que entre ellos dos (María Torija y Diego del Castillo) estaba convenido y concertado que la dicha María de Torija ponía y puso a dicho Diego Madrigal su hijo con dicho Diego del Castillo, para que le sirva y asista a su arte de ensamblador y entallador por tiempo de seis años que han de empezar a correr desde hoy dicho día con calidad y condición que durante dicho tiempo a de ser obligada la dicha María de Madrigal a darle a dicho su hijo los vestidos y calzado necesarios y demás de ello 300 reales a el dicho Diego del Castillo por su cuidado y enseñanza, los 150 reales para el día de la feria de cuaresma que se hace en esta villa del año que viene de 1673, y los 150 restantes para el día de la feria de cuaresma del año siguiente de 1674, llana y realmente con las costas de la cobranza, porque pueda ser ejecutada”. Vemos pues que la enseñanza no era en ninguna manera gratuita; que el futuro artista comenzó su aprendizaje a los catorce años de edad esperándose que cumplidos los veinte pudiera caminar por su cuenta en el mundo del retablo. En aquella fecha, el joven Diego abandonaría la población natal para trasladarse a Sigüenza con su maestro, residiendo en su taller, en el que, a no dudar, a más de sus hermanos, originarios como el propio Castillo de tierras cántabras, habrían de emplearse algunos aprendices más.

    La relación entre alumno y maestro no debió de resultar en modo alguno discordante, como sucediera en otros talleres; más es de pensar que hubo trato familiar puesto que, a poco de concluir la enseñanza y establecido nuestro hombre en Atienza, donde contó con taller propio en la calle de San Pedro, en el barrio de la plaza de San Juan del Mercado, trabajó junto a su maestro en algunas obras que le fueron encomendadas, entre ellas el retablo mayor de la propia iglesia de San Juan, en Atienza, adjudicado a Diego del Castillo en 1686 y en el que de manera decisiva intervendría igualmente su alumno, Diego de Madrigal, quien  en 1682 había contraído matrimonio, en la misma Atienza, con Isabel de Villares, hija de Diego de Villares y de Isabel de Herrera, los tres naturales y residentes en la villa.

    Tenía Atienza para este tiempo cierta tradición en este arte, como nos recordará Marco Martínez, habiéndose iniciado, sin duda, con Francisco Estarja, hijo del seguntino Andrés Estarja quien, establecido aquí, trabajó para las iglesias de Santa María del Rey, San Salvador y San Francisco.

 

El retablista Diego de Madrigal

   Tras su paso por Sigüenza, y de la mano de Diego del Castillo, comenzó a ejercer su oficio como maestro, siendo uno de sus primeros trabajos el de la hechura de cinco marcos de cuadros para el altar mayor de la iglesia de la Santísima Trinidad.

  En adelante, su mano llegará a numeras iglesias de la diócesis, iniciándose sus trabajos mayores en Galve de Sorbe, para cuya iglesia parroquial labraría los retablos colaterales.

   Haciéndolo después en el retablo mayor de la iglesia de San Bartolomé en 1688, de la que fue cura párroco otro de sus hermanos; en parte del nuevo retablo de la iglesia de la Santísima Trinidad de Atienza; en el retablo mayor de la iglesia de Baraona en 1702; en los de Querencia y Fuentegelmes, en 1704; en el retablo del Santo Cristo de Atienza, que comenzó en 1706 y concluyó en torno a 1708; en la caja del órgano de San Juan de Atienza y en el retablo mayor de Valderromán, en 1710; en el de Ontalvilla, en 1711; en el retablo de nuestra Señora de la Torre, de Riofrío del Llano, en 1713; en Hijes, Torrevicente, Matamala, Arenillas o la iglesia atencina de San Gil, entre otros muchos lugares; lo que le hizo pasar a la historia de la arquitectura religiosa de la diócesis de Sigüenza como uno de los mejores maestros. Fue igualmente autor del retablo de la capilla de la Virgen de los Dolores de Atienza, entonces todavía llamada Nuestra Señora de la Soledad, convirtiéndose junto a su esposa en uno de los patronos de capilla y altar.

   A juzgar por quienes estudiaron su obra, son los retablos de Baraona, y del Santo Cristo de Atienza, las mejores obras de un hombre que falleció en la villa que le vio nacer, el 3 de febrero de 1716, siendo enterrado en sepultura propiedad de la familia de su mujer, en la iglesia de San Gil.

   Sin duda, uno de los personajes de mayor renombre en el obispado seguntino, del que no nos debemos olvidar.

 

Tomás Gismera Velasco/ Guadalajara en la Memoria/ Periódico Nueva Alcarria/ Guadalajara, 21 de noviembre de 2025

SEMBLANZAS DE ATIENZA

 

SEMBLANZAS DE ATIENZA

Nombres para su historia

 

 

 

   Puede que sea Atienza (Guadalajara), junto a Sigüenza, Brihuega y Molina de Aragón, una de las poblaciones con más historia de la hoy provincia de Guadalajara; mayor número de monumentos históricos, y mayor nómina de personajes que, desde la localidad han pasado a la historia, provincial y nacional.

   En las páginas siguientes recogemos una mínima nómina de nombres que hicieron historia. Por supuesto que no están todos, puesto que la nómina de personajes que hicieron historia en tiempo pasado, es infinita.

   Merecedores de páginas exclusivas son nombres como los de Juan Bravo, capitán comunero en Segovia, o del político Bruno Pascual Ruilópez, abocado al olvido.

   Nombres ligados a Atienza, por destino de oficio, que aquí hicieron historia, como Eduardo Contreras, quien desde su cargo en la oficina de Correos y Telégrafos colaboró intensamente en la vida cultural de Atienza, dejando su firma no sólo en la prensa provincial, también en la significativa revista “Atienza Ilustrada”.

   No pocos nombres históricos de Atienza fueron rescatados del olvido a través de la revista digital Atienza de los Juglares.

   Sin duda, a esta serie de nombres, los que completan esta “Semblanza”, para cuya confección hemos recurrido a las firmas y escritos conocidos, a fin de completar de ellos una mediana biografía, nunca enteramente lograda, seguirán más. Porque Atienza es grande en historia, monumentos, cultura y, por supuesto, gentes que hicieron historia. Como, de alguna manera, son los 175 nombres cuyas biografías o semblanzas se incluyen en esta obra.

 

 

 


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Detalles del LIBRO

  • ASIN ‏ : ‎ B0C63RZMKT
  • Editorial ‏ : ‎ Independently published 
  • Idioma ‏ : ‎ Español
  • Tapa blanda ‏ : ‎ 296 páginas
  • ISBN-13 ‏ : ‎ 979-8395904256
  • Peso del producto ‏ : ‎ 449 g
  • Dimensiones ‏ : ‎ 13.97 x 1.88 x 21.59 cm


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Sumario:

-I-

Con nombre propio

Pág. 9

 

-II-

Señores y Señoras de Atienza

Pág. 161

 

-III-

Corregidores de Atienza

Pág. 177

 

-IV-

Alcaldes de Atienza

Pág. 189

 

-V-

La Medicina en Atienza

Pág. 207

 

-VI-

La Clerecía en Atienza

Pág. 231

 

-VII-

La docencia en Atienza

Pág. 251

 

-VIII-

Y más nombres

Pág. 255

 

Nombres que se citan:

Pág. 291

 


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viernes, julio 18, 2025

CIPRIANO LOPE GONZÁLEZ, el Gramático de Atienza

 

EL GRAMÁTICO DE ATIENZA

Cipriano Lope González, autor de una Gramática Latina

 

      Desde el lejano siglo XIII Atienza se convirtió en la comarca serrana de Guadalajara en un ejemplo en cuanto a la enseñanza se refiere. En aquel siglo, año de 1269, el obispo seguntino don Lope Díaz de Haro fundó aquí la primera cátedra de gramática conocida a la que colaboraron en su sostenimiento la mayoría de las poblaciones de la entonces extensa tierra de Atienza; más tarde, y mientras contó con fondos, el convento franciscano sostuvo una de latinidad y a través de los tiempos de aquí salieron eruditos maestros y entendidos en letras. Mucho antes de que la Gramática Latina de Antonio de Nebrija saliese a correr mundo. Y mucho tiempo después de todo ello, a punto de concluir el siglo XVIII, de Atienza saldría una de las gramáticas que más tinta hicieron correr en sus últimos años, la “Gramática de la lengua latina, simplificada y reducida a nuevo método, en tres libros”; su autor, Cipriano Lope González, maestro de ella en la Villa de Atienza.

 


 

 

La Gramática de Atienza

   La Gramática de Don Cipriano vería la luz a través de la Imprenta Real en 1788, y sería distribuida por la librería de Escribano, de Madrid. Su precio 4 reales de aquel tiempo.

   La obra no dejó de ser recibida con los brazos abiertos por el mundo de la enseñanza, que no tardó en comparar a nuestro hombre con los grandes gramáticos de aquel siglo en el que tantos nombres pasaron a ser historia: “merece el autor ser agregado a los grandes reformadores de la Gramática Castellana, a Francisco Sánchez de las Brozas, Pedro Simón Abril, Gonzalo Correa, Ortigosa, Pastor, Mayans, Iriarte, los PP. Escolapios, y otros”, decían los tratados en la materia.

   Su fama dentro y fuera de la entonces provincia de Guadalajara llevó a que el número de sus alumnos aumentase, destacando quizá quien más tarde sería gran historiador segoviano y, casualidades del destino, canónigo del Real Sitio de San Ildefonso, don Santos Martín Sedeño quien, tras su paso por la academia del atencino entraría en el seminario segoviano, pasaría a ser Cura de Duruelo y tras un accidentado asalto a su casa terminaría ocupando en el palacio de la Granja el mismo cargo que años adelante desempeñaría el sobrino de nuestro hombre, don Primo Calvo Lope. A Martín Sedeño, entre otras obras, se deben las primeras descripciones históricas del Real Sitio, su historia y mitológicas fuentes.

      La Gramática de la lengua latina se anunciaba en la prensa madrileña: “…simplificada según un nuevo método. Redúcense en todo lo posible los preceptos y reglas de la gramática latina que tanto ocupan en las artes que hasta ahora se han seguido, poniendo con esto por obra lo que desde el célebre Brocense han deseado con ansia los doctos, de que se diesen en pocas palabras, aunque con la conveniente claridad, las reglas más precisas para entender la lengua latina”.

   Por supuesto que no todos los entendidos estuvieron de acuerdo con el erudito de Atienza. Tan mordaz como en los tiempos que nos corren resultaba en aquellos la crítica, mucho más si, como era en el caso de don Cipriano, se tocaban temas que otros tocaron. A nuestro genio le salió puntilloso otro gramático que con los mismos fines de enseñanza dio a la imprenta obra de similar contenido, siendo Gramático en Tarancón: “Muchos son los yerros y descuidos que se notan… Nuestro autor ofrece darnos un tratado del método y orden de estudiar las ciencias muy diferente de cuantos se han escrito hasta ahora. El pensamiento no se puede negar que es noble pero en la ejecución y desempeño podrá haber no pocas cosas ni pequeñas dificultades. Si yo fuera hombre que pudiera darle un consejo le diría que si lleva adelante tal pensamiento procure no perder de vista algunas reglitas muy oportunas”.

   El crítico del “Memorial Literario” la juzgaba en mejor forma, llegando a compararla con la Gramática de Nebrija, mejorándola y adaptándola a los tiempos que corrían. y poniéndola en el lugar que la correspondía, a pesar de que apunta sus errores: “La obra del Preceptor de Atienza tiene muchos descuidos de imprenta, acaso por haberse hecho la impresión estando ausente, tiene algunos descuidos de lenguaje, especialmente en los versos que no copia; tiene algunos descuidos de propiedad latina, especialmente cuando sigue las platiquillas vulgares; pero es loable su intento en tratar la Gramática latina en castellano, en dar previamente, o al mismo tiempo, las nociones de lengua castellana que facilitan los conocimientos de una y otra lengua, en tratar primero lo que da luz a lo siguiente, en definir los términos, dividir los géneros en sus especies y tratar de las propiedades y accidentes de ellas…”

   Nuestro paisano, hombre de los que no se callan, no tardará en responder, principalmente al de Tarancón: “No son siempre los sabios los que se hallan con el derecho de introducir y adoptar palabras nuevas; también el vulgo tiene su derecho, y siempre que el uso haga costumbre quedarán las palabras autorizadas…”

   Su respuesta será extremadamente larga, demostrando alguno que otro error de sus críticos, eso sí, concluye despidiéndose con la educación y respecto que lo parecen distinguir: “besando a Vmds. las manos, el de Atienza”.

 

Cipriano Lope González

  Por espacio de más de setenta años, a juzgar por los escritos que dejó impresos, don Cipriano se dedicó en Atienza a la enseñanza; desde el último cuarto del siglo XVIII hasta la casi mitad del XIX, puesto que falleció en torno a 1846. No cabe duda de que alguna vinculación hubo de tener con nuestra tierra, puesto que sacó el nombre de Atienza a correr mundo a través de sus escritos, si bien todo hace suponer que no fue nacido aquí, sino en El Burgo de Osma, de donde fue natural su sobrino, el ya citado don Primo Calvo Lope quien, a la muerte de nuestro hombre, continuó recopilando su obra dando a la imprenta una póstuma que igualmente haría a don Cipriano merecedor de loables críticas en torno a la enseñanza; se trató de “La Paradoja Literaria, o plan de Humanidades y Método de Estudios”, que don Primo Calvo dio a imprimir en la imprenta segoviana cuando en la Granja de San Ildefonso ejercía el cargo de Canónigo de la Real Iglesia Colegial; “Esta obra, original en su clase, comprende un análisis de todas las ciencias e importantes reflexiones sobre la dignidad del hombre y el modo de cultivar sus facultades, descubriendo marcadas tendencias a generalizar los conocimientos útiles y sólidos, sin excluir ningún estado ni sexo. Es por lo tanto utilísima no solo a los profesores de Colegios, sino a todo el que tome algún interés en los adelantos humanos”. Don Primo pasaría, desde la Granja de San Ildefonso a ser obispo de Santiago de Cuba y Secretario del renombrado Cardenal don Ciriaco Sancha.

   A más de las dos obras reseñadas, de una tercera tenemos conocimiento: “El Discurso en el que se exponen los fundamentos lógicos de la Gramática de todas las Lenguas”, que dio a la imprenta, en Sevilla en 1796, quien la firmó como “Un amigo del autor”.

   De que fue hombre de pensamientos lógicos no nos queda duda, puesto que su obra está llena de ellos, concluyendo su “Discurso” con uno que, quizá, resuma su trabajo: “El hombre no ha sido hecho para las ciencias, sino las ciencias para el hombre”.

   Quizá llevase razón; de lo que no nos queda duda es de que, en su obra, Atienza ocupó un lugar en la portada, mostrando al mundo que, a más de historia, arte y paisaje, la villa norteña tuvo también hombres de gramática que la supieron ensalzar.

 

Tomás Gismera Velasco/ Guadalajara  en la memoria/ Periódico Nueva Alcarria/ Guadalajara, 18 de julio de 2025

SEMBLANZAS DE ATIENZA

 

SEMBLANZAS DE ATIENZA

Nombres para su historia

 

 

 

   Puede que sea Atienza (Guadalajara), junto a Sigüenza, Brihuega y Molina de Aragón, una de las poblaciones con más historia de la hoy provincia de Guadalajara; mayor número de monumentos históricos, y mayor nómina de personajes que, desde la localidad han pasado a la historia, provincial y nacional.

   En las páginas siguientes recogemos una mínima nómina de nombres que hicieron historia. Por supuesto que no están todos, puesto que la nómina de personajes que hicieron historia en tiempo pasado, es infinita.

   Merecedores de páginas exclusivas son nombres como los de Juan Bravo, capitán comunero en Segovia, o del político Bruno Pascual Ruilópez, abocado al olvido.

   Nombres ligados a Atienza, por destino de oficio, que aquí hicieron historia, como Eduardo Contreras, quien desde su cargo en la oficina de Correos y Telégrafos colaboró intensamente en la vida cultural de Atienza, dejando su firma no sólo en la prensa provincial, también en la significativa revista “Atienza Ilustrada”.

   No pocos nombres históricos de Atienza fueron rescatados del olvido a través de la revista digital Atienza de los Juglares.

   Sin duda, a esta serie de nombres, los que completan esta “Semblanza”, para cuya confección hemos recurrido a las firmas y escritos conocidos, a fin de completar de ellos una mediana biografía, nunca enteramente lograda, seguirán más. Porque Atienza es grande en historia, monumentos, cultura y, por supuesto, gentes que hicieron historia. Como, de alguna manera, son los 175 nombres cuyas biografías o semblanzas se incluyen en esta obra.

 

 

 


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Detalles del LIBRO

  • ASIN ‏ : ‎ B0C63RZMKT
  • Editorial ‏ : ‎ Independently published 
  • Idioma ‏ : ‎ Español
  • Tapa blanda ‏ : ‎ 296 páginas
  • ISBN-13 ‏ : ‎ 979-8395904256
  • Peso del producto ‏ : ‎ 449 g
  • Dimensiones ‏ : ‎ 13.97 x 1.88 x 21.59 cm


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lunes, junio 09, 2025

MARIANO PÉREZ CUENCA, Y SUS HISTORIAS

 

RECORDANDO A MARIANO PÉREZ CUENCA, Y SUS HISTORIAS

Natural de Pastrana, fue sin duda el primer cronista de la comarca

 

   Nació don Mariano Pérez y Cuenca en Pastrana, casi en los inicios de aquella especie de revolución a la que se ha dado en llamar “Guerra de la Independencia”, el 8 de diciembre de 1808, en una familia de labradores y no demasiadas posibilidades económicas; al parecer fue hijo único de Manuel Pérez y María Facunda Cuenca; y a pesar de que sus padres no pudieron facilitárselos, pudo acceder, para llevar a cabo sus estudios, en principio eclesiásticos, a una de las ayudas ofrecidas por una de las numerosas capellanías fundadas en la Colegiata de la localidad.

   También se tiene al Convento de San Francisco, fundado en Pastrana dos o tres años antes de su nacimiento, como base de sus primeros estudios, pasando por este y, sin duda, por los seminarios de Toledo y Sigüenza, donde completaría su formación sacerdotal, para regresar a Pastrana en 1826, donde con apenas 18 años de edad fue nombrado Presbítero de la Iglesia Colegial. En Pastrana y dicha Colegial pasaría la mayor parte de su vida; salvo un corto periodo de tiempo, a partir de 1828, en el que, tras solicitar las licencias correspondientes y obtenerlas, se trasladó a Alcalá de Henares, en cuya Universidad concluiría su formación canónica. Retornando después a Pastrana en los primeros años de la década de 1830. Aquí, en Pastrana, seguiría hasta el fin de sus días.

 

 


 

El Cura de Pastrana

   En el año de gracia de 1847 don Mariano Pérez y Cuenca era cura teniente de la Colegial; dos años después ejercía de mayordomo de la Fábrica de la Iglesia y, en 1852, al reducirse a Parroquia la Colegial, pasaría a ser cura de la iglesia parroquial de la Asunción; al tiempo, ejerció los cargos de capellán y rector del Hospital de San Miguel, que fue patronazgo de los duques y llegó con su historia a cuestas hasta los años finales del siglo de don Mariano,

   Un hecho influirá decisivamente en la vida y obra de Pérez y Cuenca: fue el proceso desamortizador de las propiedades eclesiásticas, así como de los conventos y monasterios de la comarca a partir de 1835. Predicando desde los púlpitos y a través de sus escritos, en su contra. Fue uno de los primeros párrocos en hacer oír su voz en contra de aquello, como más adelante, y de su mano, lo haría el párroco de Renera ante los desmanes que se cometieron en los conventos de Tendilla y Lupiana.

   A lo largo del tiempo será un firme defensor del legado histórico de Pastrana, y con Pastrana de su antiguo partido judicial, su histórico entorno; oponiéndose en todo momento a aquellas desamortizaciones que se llevaron a cabo, llegando incluso a adquirir de su propio peculio, a fin de rescatarlos del abandono, algunos objetos de los conventos o monasterios abandonados, intentando la adquisición de retablos y otros enseres, vendidos a corredores e industriales de Madrid que, para la recuperación de las láminas de oro que los cubrieron, procedían a su quema. Destruyéndose de esta manera numerosos retablos de las iglesias conventuales.

   En este intento de rescatar del olvido y pérdida bienes de aquellas desamortizaciones, no faltarán la compra de libros o bibliotecas completas, a las que por entonces no se prestaba ningún interés; cuadros, imágenes religiosas o piezas de orfebrería, que trasladará a la iglesia de Pastrana o su propio domicilio, que terminaría por convertirse en una especie de almacén de obras religiosas, más que museo de arte sacro, a la espera de un nuevo futuro.

   Numerosos de los objetos adquiridos serán posteriormente donados a otros conventos, iglesias o instituciones; y muy especialmente fue dotado por su mano el convento de Franciscanos entonces existente en Pastrana, en el que, como señalamos y nos dejó escrito quien con más detenimiento estudió la obra de Pérez Cuenca, Ester Alegre Carvajal, llevó a cabo sus primeros estudios.

   Don Mariano viajará en este tiempo por toda la Alcarria, alzando su protesta incluso a través de algunas composiciones poéticas, como moda de los tiempos, entre ellas sus: “Poesías y sentencias que se hallan en el Convento de Santa María del Monte Carmelo de Bolarque”, que compone en 1837, recopilando las que allí se encuentran, lo que al tiempo sirve para preservarlas de su desaparición; al tiempo comenzará a indagar en los archivos de la Villa Ducal para componer la que ha de ser primera “Historia de Pastrana”, que verá la luz en 1858.

 

 


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Cronista de Pastrana

   Al margen de la Historia de Pastrana, que conocerá en todos sus detalles y será obra pionera en el estudio del pasado de nuestros pueblos, se fijará en la de las poblaciones pertenecientes a su entonces partido judicial, reseñando cada una de ellas y deteniéndose con especial relevancia en los conventos y monasterios que por aquí se fundaron. Igualmente, como de la imagen de María, y miembro que sería de Academia Mariana, hará extensiva su dedicación a la descripción de las imágenes y apariciones marianas, con sus ermitas y santuarios, de los partidos de Pastrana y Sacedón, que quedarán registrados en su obra en torno a estos. Ya que como se apunta sería miembro de la Pontificia y Real Academia Bibliográfica Mariana, fundada en Lérida en 1867 por el capellán carlista don José Escolá y Cugat; bajo cuyos auspicios escribirá, y en Lérida dará a la imprenta en 1868, su: “España Mariana”; que recogerá lo relativo a ella dentro de la provincia de Guadalajara y sus partidos judiciales de Pastrana y Sacedón.

   A través de sus trabajos, en la Colegiata tanto como en los Archivos de Pastrana, eclesiásticos y civiles, y por correspondencia con los duques, entablaría una amistosa relación con el XI y XII duques de Pastrana, don Manuel Téllez-Girón y don Mariano Álvarez de Toledo, quien llegaría a regalarle un cáliz de plata que, a su fallecimiento, determinó testamentariamente entregar a los frailes Franciscanos Misioneros de la villa.

   Se convertirá, a través de sus trabajos, en un personaje indispensable en la vida social y eclesiástica de Pastrana, con influencia en todo el partido judicial. Sus acertados juicios y conocimientos históricos harán que sea constantemente consultado desde poblaciones del entorno, y él mismo continuará alzando la voz cuando lo crea conveniente, ante actuaciones contrarias al espíritu religioso por parte de las autoridades locales o provinciales, en un tiempo en el que la institución religiosa llega de alguna manera a ser cuestionada en ciertos ámbitos. Librando sin duda de la ruina los conventos históricos de su Pastrana natal al lograr que fuesen destinados a la docencia de los habitantes de la villa en unas ocasiones, o de las comunidades religiosas, en otras. Velando del mismo modo por el decoro en las festividades, y magnificencia de los actos litúrgicos.

   No faltará su mano en la creación de la que ha de ser una de las primeras bibliotecas de la provincia de Guadalajara y, por supuesto, de Pastrana, que será instituida en 1870, y a la que donará una extensa nómina de libros, sin duda de los adquiridos tras las desamortizaciones, junto a otros de su propia biblioteca.

   Con el tiempo llegará a tener una posición económica desahogada, como dejará ver a través de sus disposiciones testamentarias, dictadas el 9 de octubre de 1881, encargando en él sus honras fúnebres y dejando lo poco que restaba de sus bienes, tras constituir algunas fundaciones de caridad y capellanías de misas, pagados los funerales, a su ama, Venancia Tabernero Solana, que le cuidó durante la mayor parte de su existencia. También legará bienes a los conventos e iglesias de Pastrana, localidad en la que falleció, en su casa de la calle del Ayuntamiento, el 3 de mayo de 1883.

 

Tomás Gismera Velasco/ Guadalajara en la memoria/ Periódico Nueva Alcarria/ Guadalajara, 6 de junio de 2025

 

 

PASTRANA (Guadalajara) LA VILLA DE LA PRINCESA

 PASTRANA (Guadalajara) La Villa de la Princesa

 

   Pastrana es, al día de hoy, una localidad una hermosa población de la provincia de Guadalajara; unida a uno de los nombres más repetidos de la historia provincial en los últimos siglos: Ana de Mendoza, Princesa de Éboli.

   El autor, en su recorrido a través de los pueblos de la provincia, llega a Pastrana y a través de los testimonios escritos a lo largo del tiempo por cronistas e historiadores, entre los que cabe destacar a Mariano  Pérez Cuenca, Francisco Layna Serrano, Juan-Catalina García López, y numerosos más, nos adentra en el ayer de Pastrana, su palacio, historia, monumentos y gentes; tomando los textos publicados por aquellos, para darnos cuenta de la importancia que Pastrana y su tierra alcanzaron a través de los siglos; acompañando la obra con líneas de aquellos quienes, cada uno en su sentir, opinó en torno a lo que admiraron sus ojos y conocieron en su debido momento.

   Puede, en ocasiones, parecernos confuso el discurrir del texto de unos y otros; ha de ser el lector quien, observando y analizando, llegue a la conclusión que las páginas siguientes buscan.

   Junto a la villa o el palacio, y como parte de la propia obra, el autor nos lleva a conocer, siquiera de manera somera, los acontecimientos históricos del entorno; así como las costumbres que acompañaron la vida de esta parte de la provincia de Guadalajara; empleando investigaciones y fuentes propias.

   Sin duda, las páginas siguientes, como otras anteriormente escritas y publicadas, nos acercan a un entorno que siempre merece una atención; una detenida mirada…

 

 


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