Blog dedicado a la biografía breve de personajes destacados y curiosos de la provincia de Guadalajara, hasta el siglo XX, por Tomás Gismera Velasco.-correo: atienzadelosjuglares@gmail.com

viernes, agosto 12, 2011

JULIO DE LA LLANA HERNÁNDEZ



 Eclesiástico, poeta, publicista
Barca (Soria), 15 de agosto de 1876 – Atienza (Guadalajara), 26 de junio de 1959.

Don Julio de la Llana Hernández no nació en Atienza, pero fueron tantos los años de su vida que en Atienza pasó que bien se le puede tener por atencino. Aparte del fervor que siempre manifestó a la Villa.
Nació en una pequeña localidad de la provincia de Soria, Barca, el 15 de agosto de 1876, en el seno de una familia de labradores acomodados que lograron dar a sus hijos unos estudios superiores, entre otros, a Julio estudios religiosos a su hermano Ludulfo de veterinaria, ejerciendo también en Atienza, entre otros destinos.
Don Julio ingresó muy joven en el seminario de Sigüenza, donde se hizo sacerdote, y tras concluir sus estudios religiosos fue designado párroco de algunas poblaciones de la provincia de Soria; posteriormente lo sería de otras de la de Guadalajara, entre ellas Retortillo, Campillo de Dueñas y Miedes de Atienza, donde comenzó a desarrollar sus inquietudes literarias. En 1911 se dio a conocer a toda la provincia al ser el ganador, justo y absoluto, del primer concurso de narrativa que patrocinó el semanario “Flores y Abejas”.
En Miedes permaneció hasta 1926, cuando el cura párroco de la iglesia de la Santísima Trinidad de Atienza, don Honorio Tarancón, marchó a Campillo. Don Julio solicitó la plaza, como hicieron unos cuantos sacerdotes más de la comarca.
El 26 de diciembre de 1926, el obispo de la diócesis le confirió dicho cargo de cura párroco atencino. Y a la iglesia de la Trinidad llegó a comienzos de 1927, siendo al mismo tiempo ayudante de la de San Juan, cuando al fallecer el 8 de abril de dicho año su titular, don Bartolomé LLabrés, le fue confiada la ayudantía de San Juan. Al poco tiempo sería nombrado arcipreste de la Villa. Hay que recordar que entonces había en Atienza, al menos, seis sacerdotes.
A partir de entonces comenzó a interesarse por la historia de Atienza y de La Caballada, desarrollando una labor callada, pero interesante, en beneficio de sucesivos investigadores. Colaboró primeramente con don Manuel Serrano y Sanz en su intento de recopilar datos para llevar a cabo la gran historia de Atienza, y posteriormente lo hizo con don Francisco Layna Serrano, sin abandonar su pasión por la poesía, al tiempo que fundó una de aquellas hojas parroquiales que tan en boga estaban por aquella época: “El eco del Sagrado Corazón de Jesús”, órgano informativo de la parroquia de la Santísima Trinidad de Atienza, que él mismo componía; incluso dibujó a plumilla su cabecera.  También en las poblaciones en las que sirvió fundó distintas hojas parroquiales.
Son pocas las obras que de él quedan, pues salvo raras excepciones, no las dio a la imprenta, por lo que la gran mayoría de ellas se han perdido. Queda aquella tan señalada, relacionada con La Caballada, que tituló:
“Un ramillete de alelíes, o Viva La Caballada”, publicado en 1933. Obra de teatro que con lenguaje sencillo describía la liberación de Alfonso VIII, y que fue representado varias veces en la Villa.
Fue cronista de prensa para los periódicos provinciales, escribiendo señalados artículos sobre la historia y las parroquias atencinas, y declamó sus versos en ocasiones señaladas, las múltiples de los “Amigos de los castillos”; las realizadas por la Escuela de Archiveros, o en distintas jornadas poéticas que se llevaban a cabo en Sigüenza. Memorables, para algunas de las personas que lo conocieron, fueron sus obras en verso: “Villa hidalga”, “Saludo y despedida”, “La flor de la Azucena”, “El ángel de la casa” o “El verdugo de Cristo”, sin contar las decenas de piezas que dedicó al castillo, las Santas Espinas, el Cristo del Perdón o La Caballada.
Probablemente, gracias a don Julio de la Llana nos ha llegado a los atencinos de hoy una parte importante de los archivos religiosos del ayer, y de los tesoros artísticos de la Villa, que se encargó de recuperar.
En 1943 fue nombrado hermano honorario de La Caballada, cargo que ostentó hasta su fallecimiento, en la madrugada del 26 de junio de 1959, pocos días después de La Caballada
Murió en la casa curato de la iglesia de San Juan, en la plaza del mismo nombre, rodeado de su ya escasa familia, su hermano Ludulfo, entonces veterinario en Atienza, y ante todo, de la asistenta que le había atendido durante muchos años, Pascualina.
En el año 2012 el también escritor e investigador atencino Jesús de la Vega García publicó la obra digital “Obra literaria del sacerdote Julio de la Llana Hernández (1876-1959). De Soria a Atienza. Apuntesde un místico desposorio”,  en la que reúne el conjunto de su obra literaria, así como su completa biografía.

Tomás Gismera Velasco

Para saber más:
Julio de La Llana Hernández. De Soria a Atienza: Un místico desposorio.
Toda su vida y obra recopilada por Jesús de la Vega García.
Ediciones AAche. Guadalajara 2012